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Con el deber en la pluma y en la mano
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Con el deber en la pluma y en la mano

por La Verdad

Con el deber en la pluma y en la mano

Con el deber en la pluma y en la mano

Entre el baúl de recuerdos que existen en mi cabeza tuve que desarchivar mi participación como columnista en‘Tintero’. Podría decir que fue especial para un redactor amateur como yo, porque no importaba que fuesen pocas las personas que leían el proyecto, la esperanza de redactar letras que entretengan al lector era el mejor premio que un recién egresado podía tener.

Nunca supe realmente los balazos que mis palabras crearon en el subconsciente de esos lectores, pues la burbuja en la que estábamos Pedro Hernández (camarada con quien fundé y desarrollé ese pequeño proyecto) y yo, me recuerda a esa perturbadora idea que tengo de que el Atlante volverá algún día a Primera División, una inmensa ilusión.

Este nuevo reto que el licenciado Carlos Ciau me ha encomendado para que desarrolle todos los miércoles se ha convertido en un escaparate para el escritor que llevo por dentro, lo cual le agradezco in nitamente; solamente espero no defraudarlo como el motor Honda hizo en repetidas ocasiones con Fernando Alonso.

Por si alguien se pregunta sobre el nombre de la columna, debo admitir que era el nombre de una de las columnas que tenía en ‘Tintero’, y no es que me haya faltado creatividad, sólo quería ‘remasterizarla’ con nuevos textos, y sí, también es una forma de rendirle homenaje a uno de los inicios que tuve en el ámbito periodístico.

Sobre el autor de estas líneas, se puede decir que tiene 26 años, originario de Cancún, Quintana Roo; un el devoto al deporte más hermoso del mundo; coordinador del área de Ciudad, Municipios, Seguridad y Tierra en La Verdad Yucatán; amante de los ‘vochos’ y seguidor de la Fórmula Uno.

Después de cuatro años y 364 días, me siento como si fuese a debutar en el primer equipo de Chacarita Juniors, con la ilusión de volver a escribir para marcarle un gol a al menos otro lector. Sólo espero sean muchos goles e historias que pueda contar semanalmente.

Antes de despedirme, me gustaría agradecer al periódico por este espacio, y a Alejandro Fitzmaurice, por su valioso aporte académico a mi persona, y por sus textos que me hacen darme cuenta que todavía se puede contar historias escribiendo bien.

Leandro Azcorra, joven periodista y colega, y seguidor infalible del Atlante, escribirá todos los miércoles, si el Él de arriba lo permite.

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