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‘Con dedicatoria’: Democracia y participación, ¿Imposición y resignación?

Miguel Velázquez

Miguel Velázquez

Miguel Velázquez es un analista político con amplio conocimiento de los partidos en Yucatán

Por La Verdad

18/01/2018 11:56

Siempre que se acerca un proceso electoral todos los partidos políticos ponen como bandera de identidad la democracia para intentar legitimar los acuerdos y la imposición que se da en una mesa para la selección de su candidato.

Bajo la figura de candidato de unidad, los partidos intentan convencer a la militancia de que el aspirante tiene la representatividad y el apoyo de todos los sectores y grupos políticos, cuyos representantes se integran y votan para validar la decisión tomada por un pequeño grupo que ostenta el poder.

Pero esa forma de designar candidatos, que en este proceso 2018 fue el común denominador de todos los partidos, no es más que una imposición, pues en ningún momento tomaron en cuenta la opinión o sugerencias de quién al final de la jornada dará su voto en las urnas: La militancia.

En esta moderna democracia, la designación del abanderado corresponde al mero interés grupal de quienes, a cambio de apoyar al elegido, obtendrán posiciones para buscar un cargo de elección popular, o bien, un puesto un puesto en la administración pública, municipal, estatal o federal.

En este juego democrático solo se percibió el silencio de los grupos políticos, lo cual supone que fueron incluidos o recibirán algún beneficio.

Con ello, la militancia o la ciudadanía no votaría en bloque, y se tendrá un panorama de voto cruzado, pues el día de la jornada apoyarán al candidato que más les parezca, sea del partido que sea, con lo cual la fidelidad partidista se romperá por la decepcionante forma en que los partidos han matado la democracia interna, al imponer mediante métodos amañados a sus cartas, impulsados por el temor de perder el control y los puestos de poder.

Así, vemos como el PAN y el PRI, en su llamado proceso interno, hicieron gala de los acuerdos grupales, pero eso sí, ambos tuvieron al menos dos similitudes para ‘elegir’ candidatos: Uno, los dos impusieron a un ‘elegido’ por unidad, y dos, llevarán por abanderado a un Mauricio, los azules a Vila y los tricolores a Sahuí.

Pero la falta de democracia no es exclusiva de los partidos grandes, pues vemos que los partidos pequeños, llamados comúnmente como la ‘chiquillada’, también se han contagiado de ese ‘mal cupular’.

En el caso de Morena, partido que presume de privilegiar la democracia, vemos que su candidato a la gubernatura es Rogerio Castro Vázquez, a quien Andrés Manuel López Obrador, quien se autoproclamó abanderado a la Presidencia de la República, designó como el nuevo coordinador del partido en la entidad.

Por parte del PRD, cuya dirigencia estatal no apoya los lineamientos nacionales para ir en candidatura común con Acción Nacional para la gubernatura, tiene inscritos a dos precandidatos, Jorge Castro Zavala y Juan José Muñoz Montero, aunque la decisión para su abanderado ya está tomada, ya que al tener el control del consejo político Alejandro Cuevas impondrá a Zavala Castro.

Lo cierto es que todos los partidos impusieron candidatos, a los cuales ratificarán por medio de sus consejos, cuyos integrantes ya llevan línea y solo dan trámite para validar lo que unos cuantos decidieron por los militantes o simpatizantes.

Hoy, la democracia en los partidos es solo en papel, y en una palabra devaluada de sus líderes, en la que ni ellos mismos creen, pues ninguno considera en sus decisiones a sus militantes y simpatizantes, lo que da como resultado que ante la designación o Imposición de candidatos se tenga una ‘unidad fingida’.

Eso crea un ambiente que permea en la sociedad, pues dejan de creer en la competencia electoral, pues presumen que al final los grupos de poder deciden quién gobernará.

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