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¿Cómo se aprende a perder?

por La Verdad

Sabina Bautista / Escritora y asesora creativa de La Verdad @barbiekundera.- ¿Cómo se aprende a perder? Hasta ahora no he conocido a nadie que le guste perder— dijo. Luego resopló y selló la frase golpeando el caballito de tequila sobre la barra. No estaba ebrio, sólo frustrado por la derrota. —No intento consolarte— dije, sirviéndole otro trago a cuenta de la casa, pero me gustaría presentarme: soy una perdedora profesional —Y ¿cómo se aprende a perder? —Fácil, a orar se aprende orando, a perder se aprende perdiendo. Defender una causa pérdida para mí resulta mucho más interesante y retador. Cuando lo digo la gente se sorprende, ya que en occidente nos han enseñado que ganar es todo. Sin embargo, uno de los hombres más innovadores del siglo XX, Steve Jobs, aprendió que perder enseña mucho más que ganar porque, desaparecidas las expectativas, eres libre de moverte hacia los lugares más insospechados. En las ocasiones que me ha tocado asesorar a empresas exitosas y sólidas es difícil promover la innovación, tienen tanto miedo de perder lo que han construido que se arriesgan poco, o casi nada. En cambio, las empresas que no tienen nada que perder —o que están casi en bancarrota— se lanzan al vacío y se pueden reinventar. Una de mis pelis favoritas ‘Kinky boots’ trata precisamente de eso, de cómo una fábrica de zapatos incursiona en el mercado gay haciendo botas dignas de una Drag Queen. Los psicólogos confirman la importancia de enseñar a los niños a perder, ayudándolos a superar la frustración cuando no logran ser los primeros o cuando les resulta imposible ganar, pero ¿cómo hacerlo en una sociedad que privilegia el éxito como parámetro de la felicidad? Cuando escribí sobre los mediocres no faltó quien lanzara dardos diciendo que estaba fomentando la pereza y el hambre “natural” de ir por más. ¿Está en la naturaleza competir o es algo aprendido? Algunos dirán que los animales luchan por sobrevivir y yo me digo sí, precisamente luchan, pero no compiten. Las cebras no se ponen en fila para probar quien corre más —a menos que haya un león detrás— y cuando la que sobrevive sale victoriosa, las otras no le dan una medalla ni le aplauden, siguen comiendo pasto hasta la siguiente victoria. En el caso de los humanos, no se espera mucho de una persona con capacidades diferentes, así que cuando logran algo, esto se vuelve un ejemplo e infunde valor a otros con las mismas limitaciones. Para ellos la vida en sí es una derrota permanente, lo mismo que para los desahuciados, los pobres y otros que no tienen nada que perder. Entonces ¿debemos dejar de competir y buscar ser los mejores? ¿qué pasaría celebramos al perdedor? Dirán que es un mundo al revés, pero si seguimos la teoría de que quien fracasa aprende más, entonces los perdedores se convierten en seres sabios. Cuando partimos de que todo está perdido, la expectativa general baja a cero y tal fenómeno es de una belleza sin precedentes. Paradójicamente descubrimos que, aún ganando todos los trofeos, para el género humano, la última batalla frente a la muerte siempre está perdida. ¿O tú que piensas?

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