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Columna: Paráfrasis. Confianza perdida un México Riesgoso
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Columna: Paráfrasis. Confianza perdida un México Riesgoso

LA NETA.- invertir en México se está convirtiendo cada día en un riesgo más peligroso. Cuando los inversionistas “chequen el buró” de México, muy probablemente decidirán llevar sus capitales a otros países.

por Santiago Alamilla Bazán

Columna: Paráfrasis. Confianza perdida un México Riesgoso

Columna: Paráfrasis. Confianza perdida un México Riesgoso

A partir de los años noventa se implementó un instrumento para calificar las operaciones crediticias que realizamos en México: El famoso buró de crédito que lo que hace es llevar un record numérico, sin calificarlo como positivo o negativo, al respecto del comportamiento que tenemos cuando contraemos un compromiso de pago.

“Checar el buró” consiste en que los analistas de la empresa a la que le estamos solicitando un crédito o un servicio verifican con base en sus criterios particulares nuestra tendencia de pago.

Los países no son nada distintos, internacionalmente también existen muchas herramientas que se dedican a analizar una serie de factores para determinar que tan seguro y redituable resulta invertir en equis o ye nación, obviamente con el objeto de garantizar al inversionista, a quien va a arriesgar su capital, una serie de factores para que en conjunto, sus analistas determinen si le llevan o no a poner su dinero en riesgo en determinado país con el objetivo de obtener una ganancia futura.

Hasta antes de 1982 la economía de México se encontraba cerrada, es decir que la posibilidad de que los extranjeros vinieran a poner su dinero aquí era muy remota, la “administración de la abundancia” como se autodenominó la gestión de otro Presidente López, López Portillo, hizo que nuestro gobierno acumulara propiedades y empresas que funcionaban con recursos públicos.

La historia nos ha enseñado que son pocos, muy pocos los casos a nivel mundial donde los servidores públicos pueden resultar empresarios exitosos, si aún para los emprendedores esto a veces se complica, para los empleados del gobierno es una tarea casi imposible; y en toda esa etapa administraban desde equipos de futbol, cabarets, bancos, tiendas, fabricas de papel, y un sinfín de etcéteras que dieron como resultado la quiebra y el endeudamiento del aparato público, una devaluación escandalosa y una enorme nación al borde del precipicio.

La economía de México se vio obligada a modificarse, no por gusto pero ante la debacle que se generó por todo tipo de excesos estatales no quedaba más remedio, y México comenzó a cambiar, entendió que no se podía mantener un estado socialista-paternalista  y que cada quien tenía que hacerse cargo de su parte, el gobierno vendió a los particulares miles de empresas no esenciales y abrió el juego para que sean los inversionistas los que arriesgaran sus dineros y no el gobierno los recursos del pueblo.

Para lograr esto se tuvieron que tomar muchas medidas legales con cambios a la constitución incluidos para garantizar que si alguien iba a poner su capital en nuestro país, éste podía tener la certeza que las leyes que protegen la propiedad privada y las reglas de los negocios no pondrían en riesgo el perder dinero por aspectos ajenos a la libre empresa, es decir, regulaciones desventajosas, corrupción, inseguridad, sindicatos, etc.

El fin de semana las reglas del juego cambiaron, ya se habían empezado a sentir los síntomas con la cancelación del aeropuerto, pero al parecer la terminación anticipada de la construcción de una planta cervecera de mil quinientos millones de dólares, algo así como quince aviones presidenciales, ha resultado en un golpe demoledor que puede acabar con la paciencia de los inversionistas, tanto nacionales como extranjeros, ¿Quién en su sano juicio invierte su dinero en un plan para establecer un negocio durante los próximos 50 años, si existe la posibilidad que pasándose las leyes por el arco del triunfo, una “consulta popular” en un fin de semana determine que ya no se puede seguir con la obra?

Las reacciones internacionales han pasado desapercibidas porque la atención mundial está sobre el coronavirus, pero sin duda cuando todo esto pase y las economías del planeta luchen en la competencia para captar capitales y sacar adelante a sus pueblos reactivando sus actividades económicas, es decir, empleo, inversión, productividad, ventas, México no será atractivo para nadie, ni para los propios inversionistas mexicanos.

La confianza es un elemento fundamental para la captación de capitales, nos guste o no es uno de los principios con que se mueven los dineros del mundo.

El golpe que se está dando tira por tierra el trabajo coordinado de los tres poderes y los tres niveles de gobierno en décadas para fortalecer competitivamente a la nación; lo ganado en más de 35 años con el sacrificio del pueblo está en riesgo de irse a la basura.

Dice la administración actual que hubo corrupción pero como es costumbre, no ha demostrado nada, pura palabrería como siempre.

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No solamente le costará a la nación el pago de las indemnizaciones que seguramente exigirán estos capitalistas, sino que la dificultad para captar capitales aumenta, ya que invertir en México se está convirtiendo cada día en un riesgo más peligroso.

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Cuando los inversionistas “chequen el buró” de México, muy probablemente decidirán llevar sus capitales a otros países.

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