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Columna: Cuentan por ahí. A combatir la pobreza
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Columna: Cuentan por ahí. A combatir la pobreza

LA NETA.- Los países se preparan para una reactivación económica, y algunos se preguntan si quieren regresar a un desarrollo económico que privilegia la desigualdad social.

por Luis Sierra Martínez

Columna: Cuentan por ahí. A combatir la pobreza

Columna: Cuentan por ahí. A combatir la pobreza

El Covid-19 contagia a todas las personas sin importar cuánto dinero tienen; sin embargo, sus secuelas, como el confinamiento, si hacen diferencia entre las clases sociales, ya que mientras los que tienen recursos se aíslan en sus yates o lujosas residencias, millones de mexicanos carecen de medios, comida y trabajo para el sustento de sus familias.

En las zonas marginadas, como el sur de Mérida, es común encontrar familias que demandan comida, ya sea con pancartas o pañuelos rojos y blancos.

El virus desnuda la desigualdad social del país.

Los países se preparan para una reactivación económica, y algunos se preguntan si quieren regresar a un desarrollo económico que privilegia la desigualdad social. Al menos, tres países le apuestan a otro rumbo, al bienestar de la población: Holanda, Nueva Zelanda y México.

Esta medida ha sido vilipendiada en el país por la oposición, acusando al presidente de apostar a la pobreza como política económica, sin voltear a ver la realidad en que vivimos.

En México, el PIB creció desde Salinas hasta Peña Nieto, entre un 3.9% de promedio anual y un 2.17%, pero a qué costo. Mientras familias mexicanas son de las más ricas del planeta, el 41.9% de la población o 52.4 millones de mexicanos viven en la pobreza.

Las cifras del Coneval aún son más crudas, el 71.2% o 89.1 millones de mexicanos vivimos con al menos una carencia social. El PIB nos ilusiona con una riqueza que se genera en la pobreza de la mayoría de la población y nos muestra que el crecimiento económico solo irradia en unas cuantas familias.

Para revertir esta realidad, AMLO presentó “La nueva política económica en los tiempos del coronavirus”. Son cinco puntos: Una democracia vista como el poder y participación del pueblo, y una separación de poderes.

Una justicia en que todos se ciñan a la legalidad y a reglas claras, sin influyentismo, corrupción o impunidad; y con una distribución justa de la riqueza de la nación y el fruto del trabajo de los mexicanos. Una honestidad en nuestra forma de vida y del gobierno. Una austeridad donde los lujos, dispendios y la opulencia del ejercicio del poder lleguen a su fin.

Anhelos que por años permean en la mayoría de la población y que aún persisten.

El quinto punto es el bienestar social, una mejor distribución del ingreso y de la riqueza. Esta postura no va en contra de la generación de riqueza, ya que no puede distribuirse lo que no se tiene. Modifica la idea de un Estado gestor de oportunidades o concesiones discrecionales, por un Estado garante de derechos irrenunciables, universales y de cumplimiento obligatorio.

El presidente advierte que el futuro del país no es viable si persisten la pobreza y la desigualdad, por lo que reforzó los apoyos sociales.

Esta inyección de recursos busca fortalecer la capacidad de compra o de consumo de la gente para reactivar la economía, y ofrecer al 30% de la población con mejores condiciones económicas la posibilidad de hacer negocios, obtener ganancias lícitas y progresar sin trabas o ataduras.

Su plan beneficia a todos, y no va en contra de la generación de riqueza, siempre que sea de manera lícita, algo difícil de comprender desde que Álvaro Obregón institucionalizó la corrupción al decir que “nadie aguanta un cañonazo de 50 mil pesos”.

Este cambio de la medición del desarrollo del país, del PIB al bienestar social, es visto como innovador en países como Holanda, donde proponen una política económica dirigida a la redistribución de la riqueza, que proporcione un ingreso básico universal integrado en una política social sólida; así como una reducción del consumo y los viajes, con una disminución radical de las formas lujosas y derrochadoras.

Nueva Zelanda anunció que dejará de utilizar el PIB como medida de progreso y se concentrará en el bienestar de la población. Su primera ministra, Jacinda Arden, aseguró que si bien el crecimiento económico es importante, no garantiza mejoras en los estándares de vida de los neozelandeses.

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El país tiene un importante crecimiento económico, pero se queja de resultados desiguales en el índice de bienestar para su población.

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Nos muestra que el bienestar social en lugar de privilegiar la pobreza, viene en conjunto con un proceso integral de desarrollo económico.

lucasierramartinez@gmail.com

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