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Columna: Cuenta por ahí. Hora de aprender
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Columna: Cuenta por ahí. Hora de aprender

El Covid-19 se presenta en una sociedad con el alma enferma por la añeja inseguridad, corrupción, impunidad.

por Luis Sierra Martínez

Columna: Cuenta por ahí. Hora de aprender

Columna: Cuenta por ahí. Hora de aprender

- Mary, ¿cómo le va a tu agencia de viajes ante la cancelación del tianguis turístico en Mérida?, –preguntó Esther a su amiga mientras tomaban un helado en el centro de la ciudad, donde los turistas y extranjeros aún hacen mayoría.

- Mal, muchas cancelaciones, incluso desde días antes del anuncio, pero fue una medida por el bien de los yucatecos –recalcó Mary.

- ¿Fue decisión de Vila o el gobierno federal? Un día, Vila declara a los expositores que el Covid-19 no es una amenaza para el evento, y al día siguiente anuncia su cancelación en la Ciudad de México, junto con el Secretario de Salud.

- Pero no se cancela, se pospone... –decía Mary cuando Esther la interrumpió: “Por eso la reunión con los expositores, quería cobrarles, necesita dinero ante los gastos del oxidado centro de convenciones y la modernización de Ampliación Montejo”.

La duda tiene fundamentos.

Cuando Vila no pudo cobrar el impuesto por la seguridad, al negarle la federación el uso de los recibos de luz, tuvo que eliminarlo, alegando que era lo mejor para la sociedad inconforme.

La gente duda, si era lo mejor, ¿por qué plantear su cobro?

El Covid-19 se presenta en una sociedad con el alma enferma por la añeja inseguridad, corrupción, impunidad. Para algunos, es el golpe de gracia contra el sistema y el pueblo; para otros, es la oportunidad de atenuar la enfermedad social, de recordar que juntos podemos enfrentar cualquier catástrofe.

Además, mermó el juego sucio de la política, solo se anunció, en medios de “primer nivel”, la falsa muerte del empresario José Kuri.

Trataron de lavar su “error” culpando a la lucha periodística por buscar la primicia, otros señalan su sistemático ataque a AMLO.

Es momento de restaurar nuestros valores.

En días pasados, dos eventos me mostraron el cáncer. Llevé a una señora y su hija a la escuela. La niña tosía y le ofrecí un cubrebocas, mientras advertía a su mamá del contagio a sus compañeritos.

Me contestó: “no tiene coronavirus -en son de broma y agregó seriamente-, no tengo con quien dejarla; si la dejan pasar, ya la hice”.

Mientras que una mujer publicó en su muro que los servicios médicos eran incapaces de enfrentar la pandemia, ya que con síntomas acudió a tres hospitales públicos a que le hicieran la prueba y ninguno tenía el reactivo.

De seguro en privado culpó a AMLO de las personas que contagió en los nosocomios. Se repiten hasta el cansancio las medidas para combatir el virus, pensemos en los demás.

Ahora Vila suspende clases una semana antes que el país, pero no el canje de placas que reúne a miles de yucatecos.

Con la primera medida se congracia con la sociedad, con la segunda con sus bolsillos. Evitemos irnos de vacaciones, viajar, salir a jugar a los parques, a las plazas o al cine.

Si no es posible quedarse en casa, extrememos precauciones.

Aprovechemos “para aislarnos y pegar una mirada introspectiva, y entender que estar aislados no significa que estamos solos”, como mencionó en una conferencia la terapeuta israelí Dorit Gesher, quien nos invitó “a aprender que estar con nosotros mismos es algo grande; a aprender a colaborar y tomar responsabilidad personal; a aprender a no ofender a los demás, y a aprender a estar en familia”.

Ante estas crisis que mueven a la sociedad, en la primera carta de Corintios, Pablo dice: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor.

La fe de salir adelante, la esperanza de un mundo mejor y el amor para lograrlo.

El apóstol recalca: “pero el mayor de ellos es el amor”. Utilicemos el coronavirus para aprender con amor lo que nos pide Gesher.

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Para los que creemos en Dios, derramemos nuestra alma para pedirle el cumplimiento de su pacto: “si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y busquen mi rostro, y se convierten de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”.

Para los que no, acudan a sus creencias, pero todos juntos debemos reforzar valores, cicatrizar heridas, buscar el bien común.

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“El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro del corazón saca malas cosas”.


 

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