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Manuel Torres
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Ciencias Sociales UVM: La diplomacia en 140 caracteres (I)

Manuel Torres

por LaVerdad

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El ejercicio de la diplomacia ya no es como en el tiempo de Tayllerand, diplomático francés quien ocupó altos cargos públicos durante el reinado de Luis XVI, sus reuniones se celebraban en las lujosas salas del Palacio de Versalles o del Palacio de Invierno de los zares rusos; ahí en esos palacios, en sus bellos jardines, y al calor de los mejores vinos europeos, se trataban temas de interés nacional o se negociaba el futuro de las relaciones entre naciones. 

En la primera mitad del siglo XV, los italianos, de forma incipiente, enviaron misiones permanentes al extranjero; algunos tratadistas consideran que Venecia fue la primera en practicar la diplomática. Maquiavelo (1469-1527) ascendió al puesto de secretario de la Segunda Cancillería en Florencia quien ejerció diferentes funciones diplomáticas, entre otras, fungió como promotor de alianzas con el papa César Borgia. Éstos estados establecieron misiones diplomáticas en el Reino Unido y Francia, mismas que posteriormente adoptaron ésta forma de representación y enviaron sus propias misiones especiales. 

Al concluir la I Guerra Mundial, el entonces presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson rompió con el paradigma de la ‘diplomacia secreta’, la cual se ejercía a puertas cerradas, para para dar paso a una nueva diplomacia, a la que Harold Nicholson llamó ‘democrática’; en este nuevo contexto las naciones signatarias del Tratado de Versalles se comprometieron al registro de todos los tratados y hacer públicos sus contenidos, en un ambiente de relativa cooperación entre las naciones vencedoras de la guerra. 

Este nuevo modelo diplomático abrió las puertas a una nueva visión del mundo, cuyos promotores en este escenario han sido los países anglosajones, rompiendo con ciertos esquemas protocolarios y ceremoniales de la práctica diplomática europea consagrados en el Congreso de Viena y Aquisgrán, de 1815 y 1818, respectivamente, este último representado por la potencias europeas de la cuádruple alianza (Reino Unido, Austria, Prusia y Rusia), en este contexto, al finalizar la II Guerra Mundial, nos encontramos ante un nuevo escenario de la diplomacia, al crearse múltiples organismos internacionales, cuyos representantes también realizan funciones diplomáticas.  

Un aspecto característico que ha identificado a los funcionarios diplomáticos es su perfil y características personales, al respecto Nicolson en su libro ‘La Diplomacia’ cita a Ottaviano Maggi, quien en 1596 defendió la tesis de que un embajador: (…) había de ser perito en matemáticas, arquitectura, música, física y derecho civil y canónico. Debía hablar y escribir latín corrientemente y ser asimismo versado en griego, español, francés, alemán y turco. Aparte de ser un erudito avezado en matemáticas clásicas, historiador, geógrafo y perito en ciencia militar, tener un gusto refinado por la poesía. Y, por encima de todo, ser de excelente familia, rico y dotado de un presencia física hermosa”. Un estuche de grandes cualidades, características y conocimientos, en otras palabras “un estuche de monerías”.      

Una de las cualidades fundamentales de los diplomáticos, es su capacidad y tacto para negociar y defender los intereses de su país ante otras naciones, el diplomático descrito por Ottaviano ha sido el prototipo, el diplomático ideal y efectivamente, en la actualidad todo aquel que desee ser parte del servicio exterior, deberá superar diferentes etapas para ingresar a la carrera diplomático-consular, en el caso mexicano al Instituto Matías Romero, esto nos lleva a pensar y no muy alejados de la realidad que el ejercicio diplomático ha estado en manos de un grupo de profesionales de ‘elite’ para realizar múltiples funciones en el exterior.

En la década de los 70 los estudiosos de la Ciencia Política acuñaron el termino de diplomacia pública desde una concepción teórica, entendida esta, según el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación español, ‘como aquella dirigida a la opinión pública, al mundo empresarial y a la sociedad civil en general, tiene como objetivos la proyección de nuestros valores y tomas de posición más allá de nuestras fronteras’, es decir, se formulan diferentes hipótesis para establecer que la diplomacia se encuentra en trasformación, aunque su vigencia se visualiza mejor al concluir la guerra fría. 

Es a partir de entonces donde actores no estatales, más allá del Estado-nación, comienzan a posicionarse en la esfera de las relaciones internacionales, las organizaciones de la sociedad civil, las empresas y particularmente, las personas juegan un papel en la interacción diplomática, a través del uso de las tecnologías de la información (TIC´s) y las redes sociales, los actores mencionados interactúan desde todos los niveles en una compleja red de canales de comunicación. Y solo para tener una idea de la importancia de los usuarios de las redes sociales, actualmente, Facebook cuenta con más de 1.55 billones; YouTube, más de 1 billón; Instagram más de 400 millones; Twitter más de 320 millones.  

 

 Juan Manuel Torres Colina es candidato a Doctor por la Universidad Anáhuac Mayab; Maestro en Derecho y Ciencias Penales por el Instituto de Estudios Universitarios de Puebla; Especialista en Derecho Internacional Público por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); Especialista en Derecho Diplomático y Relaciones Internacionales por la Sociedad de Altos Estudios Jurídico Empresariales Euroamericanos y; Licenciado en Derecho por la UNAM. Es docente en la Universidad del Valle de México, Campus Mérida.

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