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Carnicería

por La Verdad

Adriana Chuc/Conductora y periodista de Diario La Verdad @AdrianaChuc.- Carnicería Voy entrando a un restaurante y no puedo evitar escuchar el comentario de la mesa de a lado: – Equis, a la gorda nadie te la baja wey... ¿No están un poco hartos de escuchar la misma clase de comentarios estúpidos? Yo sí. Personas que se sienten con todo el derecho de juzgar los cuerpos de los demás sin que les pidan su opinión. Como si la vida fuera una eterna pasarela en la que todo el mundo se cree juez y le da una calificación a las personas por cómo se ven, cómo se comportan y hasta el precio de lo que cargan encima. ¿No están hartos de ustedes mismos? De estar siempre inconformes con nuestros cuerpos y obsesionados por hacernos sentir mal por nuestra apariencia. Cuántas veces no te has visto al espejo y has sido tú el primero en señalar esos gorditos en la cintura. No quiero incentivar a la obesidad porque ese es otro tema pero sí creo, que en pleno siglo XXI ya deberíamos traer bien analizado el tema de los cánones de belleza y su evolución de acuerdo a la época y sociedad. Estos estándares que se remontan hasta la prehistoria, en donde se preferían a las mujeres con grandes senos y caderas, en realidad se buscaba la supervivencia de la especie porque estas características se asociaban con una mejor capacidad de reproducción y de crianza. Para el Renacimiento tenemos a La Venus o La Primavera de Boticcelli como muestra de que los cuerpos redondeados, la tez blanca y labios rojitos eran admirados y es hasta el Barroco que las pelucas, perfumes y el maquillaje comienzan a tomar protagonismo. Un cuerpo ideal cae en lo absurdo cuando se juega con la vida de las personas, en la época victoriana se puso de moda estrechar tanto la cintura que las mujeres no solamente se quedaban sin aliento sino que se desmayaban, estas prendas apretaban tanto que el tórax se deformaba y dañaba los órganos vitales causando la muerte de muchas. Todos iban detrás de la chica con la cintura más apretada (pero que estuviera viva por favor). Tal vez hoy ya no existan casos de muerte por corset, pero tenemos mil y un más problemas psicológicos, de alimentación, cientos de cirugías posibles y ni qué decir del maquillaje, tintes de cabello o tratamientos que aseguran mejorar nuestras carnitas, moldearlas para que sean valiosas en el mercado. Y sí, los estándares de belleza han evolucionado en función al momento histórico que se vive, pero lo interesante es que a la sociedad no le ha importado mucho conformar pluralidad sino que siempre ha mostrado un ideal, un producto, y no señores, no somos materia prima de carnicerías, no nos vendemos por kilo ni deberían darse rebajas por cantidad de grasa. Como si lo único que pudiéramos ofrecer fueran brazos fortachones y un buen trasero, pura carne y hueso frente al aparador. ¿Y cuando pase el tiempo y todas las carnes se caigan junto con los dientes? Cuando el cuerpo ya no pueda cubrir los ideales de perfección que nos hemos puesto va a estar cañón ser felices ¿no? Pero sí hay algo de razón en tener estándares de belleza, porque la sociedad necesita con urgencia más gente bonita: personas guapas del cerebro, atractivas en sentimientos y hermosas en valores. Me doy la vuelta, pero antes de salir me acerco a la mesa: – ¿A la gorda nadie te la baja? Jajaja tranquilo mijo, al cretino tampoco.

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