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Leandro Chacón
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Barra Brava: Cosas que nunca se olvidan

Leandro Chacón

por LaVerdad

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Dedicado para aquellos que asistieron a ese partido. Donde la ilusión murió en la lúgubre ‘cárcel’ de Ticul

En nuestras vidas hay cosas que quedan marcadas: canciones, bandas musicales, partidos de fútbol, experiencias, mujeres, entre otras cosas. En lo personal son tres las cosas que más se me quedan marcadas: partidos de fútbol, canciones y mujeres.

El Olympique de Lyon y París Saint Germain de hace unos días quedó 2-1. Fue un partido donde Memphis Depay le dio la victoria a los primeros al 94’. Hace siete años presencié un partido que nunca olvidaré. Fueron los 120 minutos y 11 pasos mejor soñados para cualquier hincha del fútbol.

Era la final de la Liga Estatal de Yucatán. Venados de Oxkutzcab y Zapateros de Ticul se disputaban algo más que el simple título, se disputaban el pundonor y el orgullo de la región sur del Estado. El partido ‘de ida’ lo había ganado Zapateros en la cancha de Venados.

Lo que sucedería en el partido de vuelta superaría la epopeya entre Chacarita Juniors y Nueva Chicago por el no descenso a tercera división en 2012, y la dramática victoria del Olympique de Lyon ante el París Saint Germain. Era un estadio ‘Pelele’ Coello lleno, la tribuna divida en dos. Era el derbi de la zona sur, llovía a cántaros y restaban segundos para que Zapateros se coronara campeón.

Pepe Solís llevaría a todo un estadio hasta el límite del necesitado alambrado al 94’. En la última jugada, aprovechando un rebote de la defensa zapatera, Solís rompió las redes y la afición de Oxkutcab celebraría ese gol con mucho corazón bajo una lluvia que no cesaba.

Pepe festejaría ese gol como se debe, con la hinchada. Era un lodazal. Jugadores e hinchas se abrazaban, después de esa escena de ensueño el árbitro pitaría el final provocando tiempos extras y penales.

Siempre he dicho que los penales son un volado y algo llamado suerte. El hincha se agarra y sufre con el corazón en la mano esas instancias. Lo sufrí como hincha de Chacarita y vi sufrir a esa afición. Venados erró y al igual que Chaca, perdió.

Las caras largas, la impresión de estar soñando y las lágrimas no se hicieron esperar entre los aficionados. Se había perdido una final, el orgullo y algo más que se pierde en los clásicos. Ese día sólo se deseaban llegar a casa y dormir, despertar y pensar en la siguiente temporada, como si nada hubiese pasado el día anterior. Lo mismo me pasó como cuando Atlante descendió.

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