Un nuevo estudio publicado en Science Advances alerta que las poblaciones de renos del Ártico (y caribúes en América del Norte) podrían enfrentar una reducción de hasta el 80 % para 2100, si no se reducen drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero. En las últimas décadas, estas especies han perdido aproximadamente dos tercios de su número global, según modelos basados en fósiles, ADN antiguo y reconstrucciones climáticas a lo largo de los últimos 21,000 años.
¿Por qué América del Norte está en mayor riesgo?
El estudio liderado por universidades de Australia y Dinamarca destaca que los caribúes en América del Norte son los más vulnerables. Los modelos anticipan que el declive en estas poblaciones podría superar el 80 % si continúan las emisiones al ritmo actual, mientras que otras regiones del Ártico también enfrentarán disminuciones muy significativas.
El rol ecológico crucial de los renos
Los renos y caribúes cumplen una función clave en la tundra ártica. Al alimentarse de vegetación, controlan el crecimiento de plantas, promueven la biodiversidad y favorecen la absorción de carbono en el suelo. Su desaparición podría desencadenar efectos en cadena, incluyendo menor almacenamiento de carbono y aceleración del cambio climático.
Una crisis que ya es visible
No se trata solo de proyecciones futuras. En las últimas décadas, la población global de estos animales pasó de unos 5,5 millones a algo menos de 1,9 millones, una caída de alrededor del 60 %. En ciertas regiones de Alaska y Canadá, algunos rebaños han disminuido más del 90 %, sin señales de recuperación a corto plazo.
Causas del declive: recursos bloqueados y estrés térmico
El cambio climático altera dramáticamente los ecosistemas:
- Mayor frecuencia de lluvias en invierno que al congelarse forman capas de hielo, impidiendo que los renos accedan a su alimento bajo la nieve.
- Cambios en la vegetación que reducen plantas como los líquenes, esenciales en su dieta.
- Aumento de insectos en verano, lo que genera estrés físico adicional. Estas condiciones ya han causado grandes mortalidades en zonas como Svalbard y Siberia.
¿Qué se puede hacer?
Los investigadores insisten en la urgencia de reducir drásticamente las emisiones globales y aumentar la inversión en gestión y conservación de estas especies. Particular atención merece América del Norte, donde los riesgos son más pronunciados. Garantizar la viabilidad de estas poblaciones es esencial no solo para los ecosistemas árticos, sino también para las comunidades indígenas que dependen de ellos.
