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El preconcurso de acreedores como protección ante la Ley Concursal
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El preconcurso de acreedores como protección ante la Ley Concursal

La acumulación de deudas por parte de una empresa puede llevarle a una situación de insolvencia que haga difícil su supervivencia en el medio o largo plazo.

por LaVerdad

El preconcurso de acreedores como protección ante la Ley Concursal

El preconcurso de acreedores como protección ante la Ley Concursal

La acumulación de deudas por parte de una empresa puede llevarle a una situación de insolvencia que haga difícil su supervivencia en el medio o largo plazo. Se trata de un contexto complicado en el que las formas de mantener a flote la sociedad se reducen y entre las que surge el preconcurso de acreedores. Se trata de una medida con la que tratar de evitar el concurso voluntario o fortuito y renegociar la deuda sin intervención judicial para mantener la empresa a flote.

Tanto el preconcurso como el concurso de acreedores han tomado relevancia mediática en los últimos años por la entrada en Ley Concursal de varias entidades deportivas que, ahogadas por las deudas, han buscado una forma de refinanciar sus deudas y mantenerse con vida. Sin embargo, se trata de dos medidas habituales en el ámbito empresarial a las que se recurre para evitar que una empresa vaya a la quiebra.

Como paso previo a entrar en el preconcurso, una sociedad deberá reconocer su situación de insolvencia, es decir, que no puede hacer frente a las deudas. En ese momento, la empresa habrá de comunicar en el juzgado que inicia el preconcurso para tratar de llegar a un acuerdo con los acreedores por sus propios medios.

Una medida preventiva a la Ley Concursal

La principal característica del preconcurso de acreedores es que trata de una medida cuyo principal objetivo es evitar a toda costa la entrada de la empresa en concurso. Una vez que la empresa es consciente de su situación de insolvencia y que no puede hacer frente a todas sus deudas pero quiere evitar la ley concursal, debe notificar en el juzgado que ha dado comienzo a preconcurso.

Esto quiere decir que se han iniciado las negociaciones con los diferentes acreedores para llegar a un acuerdo con el que solventar la deuda, pero sin intervención judicial. La empresa deudora dispone de tres meses para renegociar los términos de devolución de la deuda con los acreedores: refinanciación de la misma, su calificación en deuda ordinaria o privilegiada, la quita de una parte, la carencia de pago o incluso su capitalización.

Una vez han pasado estos tres meses, la empresa insolvente tiene un mes más de plazo para comunizar en el juzgado si el preconcurso ha servido para llegar a un acuerdo con los deudores con el que reflotar su situación y acabar con las deudas. Si no ha sido así, dicha empresa entrará directamente en concurso de acreedores.

Control sin un administrador concursal

Durante el preconcurso, es la empresa deudora la que todavía tiene el control de sus finanzas y las negociaciones que mantiene con los diferentes acreedores para firmar un convenio. Es tarea suya gestionar los acuerdos propuestos y esforzarse por alcanzarlos para mantenerse a flote. Sin embargo, la situación cambia cuando el preconcurso falla y se llega al concurso de acreedores, porque entra en juego el administrador concursal.

Se trata de una figura que representa la intervención judicial en el proceso y que, desde el momento de su llegada, toma el control de la empresa para adoptar las medidas necesarias con las que conseguir su supervivencia y una salida exitosa del concurso. El administrador concursal será el que a partir de ese momento dirigirá las negociaciones con los acreedores de la empresa y acordará la forma de solventar la situación con cada uno de ellos. 

Para ello, el administrador concursal absorberá las funciones de los órganos directores de la sociedad y así conocer al milímetro su situación financiera. Cabe destacar que ni la empresa deudora ni los acreedores son los que contratan al administración, sino que es la autoridad judicial que lo envía y quien supervisa su actividad. Su único objetivo será alcanzar acuerdos entre ambas partes que conlleven beneficios en ambas direcciones: firmar un convenio que permita a la empresa seguir a flote y al acreedor recuperar su deuda bajo unos nuevos términos.

El preconcurso, cuando el tiempo es oro

El preconcurso de acreedores es, básicamente, una prórroga previa para la empresa insolvente con la que esquivar el concurso final. Los administradores, todavía sin control externo, deben centrar sus conocimientos y esfuerzos en alcanzar los acuerdos necesarios en tres meses para mantener viva la sociedad. Se trata de una situación a la que el preconcurso otorga algunas ventajas.

Por un lado, como se ha comentado, durante el preconcurso la empresa todavía mantiene su control, es ajena a la intervención judicial y dejaría sin efecto cualquier solicitud de un acreedor para la entrada en concurso necesario. De la misma forma, el preconcurso es un proceso rápido en el que también se paraliza cualquier tipo de ejecución de bienes o derechos que sean imprescindibles para su supervivencia.

Cabe destacar también que los gastos que conlleva el preconcurso son reducidos en comparación con los que se derivan del concurso de acreedores, puesto que todavía no existe la intervención judicial. Por estos motivos, la medida del preconcurso es una de las más adoptadas por parte de las empresas que, en plena crisis, buscan recursos con los que reestructurar su deuda, llegar a acuerdos con los acreedores y reflotar su situación.

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