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Tito Díaz conserva viva la tradición del teatro guiñol en Yucatán
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Tito Díaz conserva viva la tradición del teatro guiñol en Yucatán

Tito Díaz Góngora junto a su esposa Tita Lozano-Peza, con el espectáculo de Tito y Tita, siguen siendo una referencia obligada cuando se habla de teatro guiñol.

por LaVerdad

Tito Díaz conserva viva la tradición del teatro guiñol en Yucatán

Tito Díaz conserva viva la tradición del teatro guiñol en Yucatán

Tito Díaz, originario de la Ciudad de México, llegó a radicar a Mérida en 1989 para comenzar su labor como titiritero. Sus padres eran originarios de Valladolid, pero se mudaron a la capital donde formaron parte del mítico grupo de los inicios del teatro guiñol mexicano, lo que le llaman la edad. “Soy titiritero de segunda generación, empecé mi labor profesional desde los 12 años, crecí entre títeres, por eso cuando llegué acá ya llegué con experiencia”.

Papás que vieron los shows de Tito y Tita cuando fueron niños, acuden ahora con sus hijos.

Sobre el repertorio que integra su espectáculo, el cual ha realizado junto a su esposa a lo largo de 40 años, comenta: “Tenemos de batalla 12 historia de la literatura universal las cuales aderezamos con rondas infantiles de la ciudad de México, son unos 14 números musicales que vamos alternando, eso nos permite hacer temporadas con repertorios en donde no repetimos historias, o sí la llegamos a repetir serán una o dos veces al año, porque es un repertorio largo que seguirá creciendo, esto en cuanto al guiñol específicamente dedicado a los niños, porque también tenemos obras de guiñol dedicados a los adultos.

Sobre esta nueva etapa de actividad en el Centro Cultural Dante, donde se presenta todos los domingos, manifestó su entusiasmo por poder retornar tras 18 años de ausencia. “Ahora con esta nueva temporada pues aspiramos a hacerla crecer por supuesto porque nos empiezan a visitar papás que vinieron a vernos cuando eran niños y que ahora traen a sus hijos, entonces necesitamos ampliar el repertorio.  

Tito llegó a radicar a Mérida en el año 1989.

Tito asegura que en el teatro guiñol lo que cambia es el público, que se va renovando lo que los obliga a renovar el lenguaje, más no la esencia de las historias. “No cambia la esencia de los mensajes que va implícito en las historia, pero sí el lenguaje,  el ritmo al hablar, la dinámica al hablar, ciertos dichos, algo peculiar que hemos encontrado es que cuando incluimos ciertos gags, ciertos chistes que son dedicados a los adultos, no porque sean picardías o lenguaje altisonante, sino que más bien obedecen a la actualidad del país, cosas que para los niños pasa desapercibido pero a los adultos no. Como yo recuerdo el teatro guiñol en mis primeros años, la forma de hablar de los personajes era muy dulce, era muy recitado el texto, había muchos diminutivos en las expresiones, cosas que nosotros ya no hacemos. Otra cosa que dejamos de hacer por ejemplo es orillar al público a contestar, no acudimos al ¿verdad que sí? Preferimos estimularlos para que ellos nos digan sus puntos de vista y propongan soluciones y que participen desde su lugar con sugerencias, también descubrimos que no tiene que ser así en todas las funciones”.

El teatro de títeres es un espectáculo vivo, la comunicación es directa particularmente el guiñol que es muy sintético, todo es simplificado, entonces la comunicación es precisamente en esos términos de síntesis, no recurre a discursos, todo es acción. No hay ningún juego de video que tenga en las manos el niño que logre distraerlo ante un espectáculo de títeres”, concluye.

Ricardo D. Pat

 

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