
Una reducción de aranceles como gesto de acercamiento
El anuncio más relevante del encuentro fue la decisión de Trump de reducir los aranceles a los productos chinos del 57% al 47%. La medida, según explicó, fue resultado de conversaciones directas con Xi Jinping sobre la cooperación en temas clave, entre ellos la lucha contra el tráfico de fentanilo, una sustancia que ha generado una crisis de salud pública en Estados Unidos.
El presidente estadounidense justificó la reducción de aranceles como un paso necesario para “reactivar el equilibrio comercial” y facilitar un mayor flujo de importaciones estratégicas, incluyendo tierras raras y productos tecnológicos. A cambio, China se comprometió a reanudar las compras de soja estadounidense, un gesto que beneficia directamente a los agricultores del medio oeste, una base electoral clave para Trump.
El intercambio: tierras raras, soja y control del fentanilo
Durante su declaración, Trump aseguró haber alcanzado un entendimiento con Xi Jinping sobre el manejo de tierras raras, materiales esenciales para la industria tecnológica y militar. Pekín, principal proveedor mundial, se comprometió a mantener un flujo estable de exportaciones hacia Estados Unidos, garantizando así el suministro de componentes estratégicos para el sector industrial norteamericano.
En paralelo, China retomará las compras masivas de soja estadounidense, suspendidas desde 2020 durante la escalada de la guerra comercial. Esta decisión representa un alivio para miles de productores agrícolas que sufrieron pérdidas millonarias durante los años de sanciones cruzadas.
Trump también destacó que ambos gobiernos trabajarán de manera conjunta en la lucha contra el tráfico de fentanilo, un punto que, según él, “podría salvar miles de vidas estadounidenses”. El compromiso chino de endurecer la vigilancia sobre laboratorios y exportaciones ilegales fue considerado por Washington como un avance diplomático significativo.
Una reunión marcada por la prudencia y el simbolismo
El encuentro en Busan fue el primero entre Trump y Xi Jinping desde 2019, lo que elevó las expectativas sobre un posible restablecimiento del diálogo entre las dos potencias. A diferencia de las cumbres pasadas, caracterizadas por tensiones y declaraciones agresivas, esta reunión estuvo marcada por gestos de prudencia y un tono más conciliador.
Trump, incluso, elogió públicamente a Xi Jinping, a quien describió como “un líder fuerte, inteligente y decidido”. En su estilo habitual, el expresidente subrayó que la relación entre ambos “ha madurado” y que Estados Unidos “ya no busca confrontación, sino equilibrio”.
Más allá del comercio: cooperación en temas globales
Además del ámbito económico, Trump reveló que ambos mandatarios coincidieron en trabajar conjuntamente en temas globales como la guerra en Ucrania, la estabilidad del Indo-Pacífico y la seguridad energética. Aunque no se ofrecieron detalles específicos, el tono del expresidente sugirió una voluntad renovada de cooperación geopolítica.
“Podemos lograr más si actuamos con respeto mutuo”, afirmó Trump antes de abordar su vuelo de regreso a Estados Unidos. La frase, cargada de pragmatismo, resume la estrategia del líder republicano: combinar firmeza económica con diplomacia táctica.
Un giro diplomático con impacto electoral
Este acercamiento con Pekín llega en un momento crucial para la política estadounidense. Trump, quien busca proyectarse como el líder que puede “reconstruir la grandeza económica de América”, utiliza cada gesto internacional como argumento de campaña. La reducción de aranceles y el impulso al sector agrícola podrían fortalecer su narrativa de éxito ante el electorado.
Si bien el acuerdo aún no está firmado, el mensaje político es claro: Estados Unidos y China están dispuestos a frenar su rivalidad económica para priorizar la estabilidad global.