Durante una entrevista con Fox Business Network, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio un giro inesperado a su retórica comercial al reconocer que su propuesta de imponer aranceles del 100% a los productos chinos no es sostenible.
“No es sostenible, pero esa es la cifra. Me obligaron a hacerlo”, declaró.
Sus palabras marcan una pausa en la agresiva política económica que había caracterizado su regreso a la Casa Blanca. Trump, que ha hecho del proteccionismo un pilar de su discurso político, admitió por primera vez que los costos de una guerra arancelaria total serían demasiado altos para la economía estadounidense.
China responde con diplomacia y abre la puerta al diálogo
Casi al mismo tiempo, China anunció su disposición a retomar las negociaciones comerciales con Estados Unidos “lo antes posible”, según la agencia oficial Xinhua. El anuncio llegó después de una videollamada entre el vice primer ministro He Lifeng y el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, quienes coincidieron en la urgencia de evitar una nueva escalada.
Esta señal de distensión se produce luego de meses de tensiones por las restricciones a las exportaciones de tierras raras, materiales esenciales para la fabricación de tecnología avanzada que China domina globalmente.
El gesto diplomático chino parece haber influido en el tono más conciliador de Trump, quien confirmó que se reunirá con Xi Jinping a finales de mes en Corea del Sur, en el marco de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC).
Nuevos aranceles y tensiones regionales
Pese a su admisión sobre la inviabilidad de los aranceles del 100%, Trump no ha abandonado su estrategia de presión económica. El mandatario firmó un decreto para imponer un arancel del 25% a los camiones importados y 10% a los autobuses, a partir del 1º de noviembre.
La medida excluye a México y Canadá, siempre que los vehículos cumplan con los criterios del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Sin embargo, los autobuses sí estarán sujetos a un gravamen del 10%, independientemente de su origen.
Esta acción busca proteger la industria automotriz estadounidense, pero también podría incrementar las tensiones con socios comerciales, especialmente en Asia y Europa.
La reunión con Xi Jinping: una oportunidad para evitar una crisis global
La esperada reunión entre Trump y Xi Jinping en Corea del Sur será la primera desde que el republicano regresó al poder en enero. Su encuentro en el marco del APEC podría marcar el reinicio del diálogo bilateral entre las dos economías más grandes del mundo.
En este escenario, el reconocimiento de Trump sobre la insostenibilidad de los aranceles podría abrir una ventana para un acuerdo parcial que reduzca tensiones y estabilice los mercados internacionales.
La Casa Blanca enfrenta presiones internas: empresarios, agricultores y fabricantes estadounidenses han resentido los efectos del encarecimiento de importaciones y la incertidumbre comercial. Por ello, el tono más pragmático del presidente podría responder tanto a necesidades económicas como a cálculos políticos.
Una tregua temporal o un cambio de estrategia
Aunque algunos analistas ven en este giro una señal de apertura, otros advierten que Trump podría usar la reunión con Xi para renegociar desde una posición de fuerza, manteniendo parte de las sanciones como herramienta de presión.
El resultado dependerá del tono de la cumbre del APEC y de la capacidad de ambos líderes para equilibrar la competencia geopolítica con la necesidad de estabilidad económica global.
