El peso mexicano, una de las monedas más negociadas en los mercados emergentes, enfrenta uno de sus mayores retos tras el regreso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos. A pesar de las primeras órdenes ejecutivas del magnate, incluyendo aranceles del 25% y medidas migratorias estrictas, el peso ha mostrado una estabilidad sorprendente, desafiando los pronósticos más pesimistas.
El contexto: la tormenta perfecta que no llegó
Desde el 5 de noviembre, días previos a las elecciones en Estados Unidos, el peso mexicano comenzó a experimentar una leve depreciación, acumulando un aumento de 55 centavos (2.6%) en el precio del dólar. Sin embargo, tras la toma de posesión de Trump, el dólar incluso mostró una ligera corrección a la baja de 0.4%.
Este comportamiento parece contradictorio, considerando las políticas proteccionistas de Trump, pero varios factores han contribuido a amortiguar el golpe.
Factores que explican la resistencia del peso mexicano
Posicionamiento especulativo previo:
Los mercados financieros ya habían anticipado las medidas agresivas de Trump, ajustando precios en consecuencia antes de su implementación formal.
Fortaleza macroeconómica de México:
Con finanzas públicas estables y una política monetaria conservadora del Banco de México, el país proyecta un grado de solidez que tranquiliza a los inversionistas.
Alta liquidez del peso mexicano:
El peso es una moneda preferida para operaciones especulativas y de cobertura debido a su liquidez, lo que genera una demanda constante en los mercados internacionales.
Optimismo empresarial:
Muchos actores del sector privado en Estados Unidos presionan contra la implementación de aranceles, apostando por negociaciones que suavicen las medidas anunciadas.
¿Estabilidad momentánea? Riesgos a futuro
Aunque el peso mexicano parece haber evitado una depreciación drástica, los desafíos persisten:
- Escalada comercial:
Si los aranceles del 25% entran en vigor, sectores clave como el automotriz y el agroindustrial podrían sufrir, afectando la balanza comercial y presionando al tipo de cambio. - Retiro de capitales:
La incertidumbre política podría desatar una salida masiva de capitales, debilitando al peso y frenando la inversión extranjera directa. - Incremento de tasas de interés:
El Banco de México podría verse obligado a elevar las tasas de interés para contener una devaluación, lo que impactaría negativamente el crecimiento económico. - Factores externos:
El fortalecimiento del dólar a nivel global, impulsado por un posible endurecimiento de la política monetaria de la Reserva Federal, podría ejercer una presión adicional sobre monedas emergentes como el peso. - Tensión política bilateral:
Si las relaciones entre México y Estados Unidos se deterioran aún más, la percepción de riesgo sobre el peso aumentaría, exacerbando su vulnerabilidad.
Respuesta del gobierno mexicano: una estrategia doble
La presidenta Claudia Sheinbaum ha reaccionado con medidas inmediatas para mitigar el impacto de las políticas de Trump:
Plan “México te abraza”:
Este programa ofrece apoyo económico, legal y logístico a los migrantes deportados, buscando integrarlos al sistema productivo nacional.
Incentivos fiscales y comerciales:
El gobierno ha implementado estímulos como la deducción de inversiones en tecnología y capacitación, buscando atraer capital y fomentar la competitividad frente a las políticas fiscales de Trump.
Un camino incierto pero manejable
El segundo día de Trump como presidente ha sido un recordatorio de los retos que enfrentará México en los próximos años. Si bien el peso ha mostrado resiliencia, los riesgos latentes demandan estrategias robustas y una diplomacia activa para evitar un impacto más profundo en la economía mexicana.
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