
Aumenta el precio del refresco en México por nuevo impuesto saludable
El aumento en el precio del refresco ha sido una constante en México en los últimos años. Desde 2020, el costo promedio ha subido poco a poco: primero cincuenta centavos, luego un peso más, y ahora enfrenta un nuevo incremento que podría marcar un antes y un después en los hábitos de consumo de millones de mexicanos.
En reuniones familiares, una botella de 2.5 litros que costaba cerca de 30 pesos en 2019 ahora ronda los 48 pesos. El cambio no solo se debe a la inflación o a los costos de producción, sino también a las medidas fiscales que buscan desalentar el consumo de productos con alto contenido de azúcar.
Hacienda confirma el nuevo aumento en el impuesto al refresco
La Secretaría de Hacienda ha anunciado que el precio base de la botella de 600 mililitros aumentará aproximadamente un peso, equivalente a un incremento del 4.9%. Este ajuste responde a la política de salud pública impulsada por el actual gobierno, bajo el liderazgo de Claudia Sheinbaum.
De acuerdo con el comunicado oficial, los llamados “impuestos saludables” son una estrategia para enfrentar enfermedades crónicas relacionadas con el alto consumo de bebidas azucaradas y productos ultraprocesados. Entre las principales causas se encuentran la diabetes tipo 2 y la obesidad, condiciones que afectan a millones de personas en el país.
El plan de Claudia Sheinbaum y su enfoque en la salud pública
El proyecto encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum propone aumentar el impuesto de 1.6451 a 3.0818 pesos por litro de refresco. La medida aún debe ser aprobada por las Cámaras legislativas, pero ya ha generado debate entre empresarios, consumidores y especialistas en salud.
El objetivo principal es redirigir los recursos recaudados hacia programas de prevención y atención médica para personas con enfermedades relacionadas con el consumo excesivo de azúcar. Además, parte del fondo también será destinado a apoyar a quienes padecen problemas derivados del consumo de tabaco, otra de las prioridades de la administración actual.
Un impuesto que busca cambiar hábitos y financiar tratamientos
Según Hacienda, los ingresos obtenidos por este aumento serán canalizados a un fondo especial que financiará campañas educativas, atención médica preventiva y subsidios para tratamientos de enfermedades metabólicas. La medida forma parte de una estrategia integral de salud que también contempla la regulación de publicidad dirigida a menores y la reformulación de productos.
Los especialistas señalan que este tipo de impuestos no solo tienen un impacto recaudatorio, sino también social. En países como Chile y Reino Unido, políticas similares han reducido el consumo de bebidas azucaradas hasta en un 15%, lo que ha contribuido a frenar el crecimiento de enfermedades asociadas al sobrepeso.
Reacciones del sector empresarial y consumidores
Las empresas refresqueras han manifestado su preocupación por el posible impacto en las ventas y la economía de los hogares. Argumentan que el aumento de precios podría provocar una baja en el consumo y afectar a pequeños comerciantes, especialmente en zonas rurales.
Por otro lado, los consumidores se debaten entre aceptar la medida como un paso necesario hacia la salud o rechazarla por considerarla un golpe más al bolsillo. En redes sociales, las opiniones se dividen: algunos aplauden el enfoque sanitario, mientras que otros denuncian que los impuestos saludables son una forma de recaudación disfrazada.
Un cambio estructural en la política de consumo en México
El nuevo impuesto al refresco marca un cambio estructural en la política de salud pública mexicana. La propuesta de Sheinbaum se alinea con la visión de la Cuarta Transformación de construir un país más equitativo y saludable, donde el Estado intervenga activamente para reducir las causas de enfermedades prevenibles.
A medida que avanza la discusión legislativa, el país se prepara para un nuevo escenario fiscal y social. Los precios subirán, los hábitos podrían transformarse y el debate sobre el equilibrio entre libertad de consumo y responsabilidad sanitaria seguirá creciendo.