En México, hablar de Petróleos Mexicanos (Pemex) no es solo hablar de energía: es hablar de historia, soberanía y política económica. Sin embargo, esa misma relevancia lo ha convertido en un desafío constante para las finanzas públicas.
Este 2025, la administración de Claudia Sheinbaum anunció un apoyo adicional de 14 mil millones de dólares destinado exclusivamente a cubrir deuda de Pemex. Para algunos, es un salvavidas necesario; para otros, una señal de alerta que podría comprometer las metas de reducción del déficit fiscal.
Moody’s advierte: un respiro para Pemex, presión para México
La calificadora Moody’s fue clara: aunque el saldo de la deuda de Pemex bajará a 100 mil millones de dólares hacia finales de 2025, el compromiso financiero con la petrolera puede complicar el objetivo de reducir el déficit fiscal de 4.3 % del PIB en 2025 a 4.1 % en 2026.
Según Renzo Merino, vicepresidente senior de Moody’s, este nuevo apoyo muestra la continuidad del respaldo gubernamental, pero también evidencia los riesgos fiscales a largo plazo.
La herencia de un gigante en números rojos
Pemex ha sido durante décadas el orgullo nacional, símbolo de independencia energética. Sin embargo, con el paso de los años, se transformó en un gigante endeudado. Sus pasivos, que superaron los 110 mil millones de dólares, lo convirtieron en la petrolera más endeudada del mundo.
Para la población, escuchar que el gobierno “rescata” a Pemex trae sentimientos encontrados: esperanza de mantener viva una empresa estratégica y preocupación por los recursos públicos que se dejan de invertir en salud, educación o infraestructura.
En este escenario, el dilema es claro: ¿cómo equilibrar el rescate de Pemex con la sostenibilidad fiscal de México?
Déficit fiscal y sostenibilidad financiera
El gobierno se ha comprometido a mantener la disciplina fiscal y evitar un deterioro en la confianza de inversionistas internacionales. Sin embargo, la presión del gasto hacia Pemex hace más complejo cumplir con las metas.
Moody’s advirtió que, si los apoyos a Pemex no se reducen gradualmente, México podría enfrentar riesgos en su calificación crediticia y una mayor incertidumbre en los mercados.
Lo que está en juego
- Estabilidad fiscal: el déficit podría superar lo previsto si los apoyos continúan.
- Confianza inversionista: un mayor gasto en Pemex genera dudas sobre la solidez de las finanzas públicas.
- Proyectos sociales: el dinero destinado a rescatar a Pemex podría restar recursos a otras áreas prioritarias.
El futuro de Pemex y del déficit fiscal está entrelazado, y las decisiones de los próximos meses marcarán la ruta económica del país.
El apoyo a Pemex es visto por muchos como inevitable, pero su costo fiscal sigue siendo motivo de debate. Para Claudia Sheinbaum, el reto es demostrar que el rescate no comprometerá la estabilidad de México. Y para la población, la expectativa es clara: que el esfuerzo no solo salve a la petrolera, sino que impulse el bienestar nacional.
