Un nuevo peligro emerge desde las profundidades
La historia comienza en un punto invisible para la mayoría de los humanos: cientos de metros bajo la superficie del océano. Allí, donde la luz apenas llega y el silencio gobierna, una nueva amenaza se cierne sobre los ecosistemas más antiguos del planeta. La minería submarina —promovida por gobiernos y corporaciones ansiosas por extraer minerales críticos como cobre, hierro y zinc— podría alterar de forma irreversible la vida marina y, con ella, la seguridad alimentaria mundial.
Investigadores de la Universidad de Hawái examinaron las consecuencias de esta práctica en la llamada “zona crepuscular” del océano Pacífico, situada entre los 200 y 1,500 metros de profundidad. Los resultados, publicados en la revista científica Nature Communications, revelan una cadena de impactos que se extiende desde los organismos microscópicos hasta los grandes peces comerciales como el atún o el mahi mahi.
La minería submarina: la nueva fiebre del oro
En el fondo marino yacen millones de “nódulos polimetálicos”, formaciones rocosas que contienen metales esenciales para la fabricación de vehículos eléctricos, paneles solares, baterías y equipos tecnológicos. Su promesa económica es enorme. Sin embargo, su extracción podría tener un costo ambiental incalculable.
Las empresas que buscan explotar estos recursos deben succionar los nódulos a la superficie, liberando después el exceso de agua, sedimentos y tierra oceánica. Este proceso genera una nube de partículas finas que se dispersa por el mar, alterando los ecosistemas intermedios. Según el estudio, esas partículas son similares en tamaño a las que sirven de alimento para el zooplancton, un componente clave de la cadena trófica marina.
“Comida chatarra” para los océanos
Brian Popp, autor principal del estudio, advierte que estas partículas actúan como “comida chatarra” para el zooplancton. Cuando estos diminutos organismos consumen desechos en lugar de nutrientes naturales, toda la cadena alimenticia sufre. El 60% del micronekton —pequeños peces y crustáceos que alimentan a especies mayores— depende directamente de ese zooplancton.
La consecuencia es clara: si el zooplancton se debilita o muere, los peces que lo consumen también desaparecen. Esto podría generar un colapso en la cadena alimentaria marina, afectando no solo la biodiversidad, sino también la pesca comercial de la que dependen millones de personas en todo el mundo.
Ecosistemas al borde del colapso
Michael Dowd, coautor del estudio, explicó que los peces de superficie como el atún suelen sumergirse para alimentarse en la profundidad. Si el alimento desaparece, la industria pesquera enfrentará un escenario crítico. La pérdida de estos organismos provocaría un vacío ecológico que afectaría tanto a especies depredadoras como a comunidades costeras enteras.
Mientras tanto, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos ha otorgado permisos de exploración a diversas empresas en regiones fuera de la jurisdicción nacional. La presión por satisfacer la demanda global de minerales aumenta cada año, impulsada por la transición energética y la dependencia tecnológica de los metales raros.
Estados Unidos y la carrera por los recursos oceánicos
En medio de las tensiones comerciales con China, el entonces presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva en abril que ordena a la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica) acelerar los permisos para explotar el fondo oceánico. Washington busca asegurar el suministro de minerales estratégicos y reducir la dependencia de Pekín, que controla buena parte del mercado mundial de metales críticos.
El gobierno estadounidense incluso consideró vender concesiones para extraer minerales en Samoa Estadounidense, lo que ha generado preocupación entre ambientalistas y comunidades isleñas.
Voces científicas piden frenar la explotación
Diversos expertos han pedido una pausa inmediata a la minería submarina. Sheryl Murdock, investigadora de la Universidad Estatal de Arizona, advirtió que los impactos “no se limitan a la profundidad de la pluma”, sino que pueden alterar el equilibrio de todo el océano.
Por su parte, la bióloga marina Diva Amon destacó que la minería profunda podría provocar la migración o extinción de especies enteras. “Dependiendo de la escala, esto podría cambiar la forma en que funcionan los océanos”, afirmó.
Alternativas sostenibles: el reciclaje como esperanza
Ante el panorama desalentador, algunos científicos proponen soluciones más sostenibles. Brian Popp señaló que el reciclaje de baterías y dispositivos electrónicos podría reducir la necesidad de excavar en el mar profundo. Además, tamizar los desechos mineros terrestres podría ofrecer una fuente alternativa de metales sin destruir ecosistemas vitales.
El desafío, sin embargo, radica en equilibrar las demandas económicas con la conservación del planeta. La humanidad depende tanto de la tecnología como del mar, y el costo de perder uno podría ser la ruina del otro.
Un futuro incierto para la vida marina
La minería submarina promete metales, pero podría costarnos los océanos. Si las empresas continúan expandiendo sus operaciones sin regulaciones firmes, los impactos podrían ser irreversibles. La decisión de excavar o preservar marcará una de las batallas ambientales más importantes del siglo XXI.
El fondo marino aún guarda secretos que desconocemos. Quizás, en el afán de conquistarlo, olvidemos que en su silencio late el equilibrio de toda la vida en la Tierra.
