China se consolida como el gigante de las importaciones mexicanas
Desde su ingreso a la Organización Mundial del Comercio en 2001, China ha pasado de ser un actor casi invisible en el comercio mexicano a convertirse en su segundo proveedor más importante. En menos de tres décadas, el país asiático logró una expansión sin precedentes, pasando de representar solo el 2.4% de las importaciones de México a controlar el 20% en 2025.
Mientras tanto, Estados Unidos —históricamente el socio comercial dominante— ha visto cómo su participación cayó del 67.6% al 38.4% en el mismo periodo. Una transformación que refleja un cambio estructural en la economía mexicana y en las cadenas globales de suministro.
El ascenso del “dragón rojo” en el comercio mexicano no ha sido casualidad: detrás hay una combinación de estrategias industriales, subsidios estatales y dumping, según expertos del sector.
Subsidios y dumping: las claves del avance chino
De acuerdo con Andrés Franco Zaldívar, director del Consejo Mexicano de Comercio Exterior Noreste (Comce), el auge de las importaciones chinas responde a factores que van más allá del libre mercado.
“Actualmente las importaciones de China representan cerca del 20 por ciento, cuando hace apenas una década eran del 15. Y si retrocedemos 25 o 30 años, China ni siquiera figuraba”, afirmó.
El directivo explicó que, aunque México no tiene un tratado comercial con China, los productos del país asiático se han vuelto altamente competitivos gracias a posibles subsidios y prácticas de dumping —la venta de productos por debajo de su costo real—, lo que desplaza a los fabricantes locales y limita las oportunidades de la industria mexicana.
Antes de 2001, México importaba de China principalmente maquinaria, textiles y equipo industrial. Hoy, la lista está encabezada por teléfonos móviles, automóviles, vehículos eléctricos y componentes electrónicos, sectores que han sido declarados prioritarios dentro del modelo de crecimiento chino.
Un déficit comercial que no deja de crecer
El crecimiento de las importaciones chinas también ha traído consecuencias: un déficit comercial histórico que se ha vuelto una carga constante para la economía mexicana.
Según Armando Guerra, director de Inteligencia Comercial del Comce Noreste, el comercio total entre México y China alcanzó 129 mil 457 millones de dólares en el primer semestre de 2025. De esa cifra, el déficit de México ascendió a 119 mil 520 millones de dólares, una brecha que se compensa parcialmente con el superávit comercial que México mantiene con Estados Unidos.
“A nivel país, Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial, ya que absorbe el 84% de las exportaciones mexicanas. El segundo lugar lo ocupa Canadá, con apenas el 3.3%”, explicó Guerra.
El problema radica en la dependencia estructural: México importa cada vez más de China, pero exporta poco hacia ese destino. La balanza se inclina, y con ella, la soberanía económica se vuelve más vulnerable.
Aranceles y oportunidad para las pymes mexicanas
El Gobierno de México anunció recientemente aranceles de entre 10 y 50 por ciento a más de 1,463 productos chinos, una medida que busca equilibrar la competencia y abrir espacio a los productores nacionales.
Para Franco Zaldívar, esta medida puede convertirse en una oportunidad única para las micro, pequeñas y medianas empresas mexicanas. “Con los apoyos del Plan México, las pymes podrían sustituir parte de las importaciones chinas y fortalecer la cadena productiva nacional”, destacó.
El reto, sin embargo, será mantener precios competitivos frente a los bajos costos chinos, cuya eficiencia productiva está respaldada por políticas industriales agresivas y una estructura exportadora diseñada para dominar mercados.
El reto del futuro: diversificar sin depender
La relación comercial con China representa tanto una oportunidad como una amenaza. Por un lado, permite a México acceder a tecnología y productos de alta demanda a precios bajos. Por otro, genera dependencia y vulnerabilidad económica ante un país con intereses geopolíticos cada vez más influyentes.
México enfrenta el desafío de diversificar sus fuentes de importación y al mismo tiempo fortalecer su producción interna. El equilibrio entre apertura comercial y soberanía económica marcará el rumbo de la próxima década.
El ascenso chino en México es un reflejo del nuevo orden económico global, donde el liderazgo ya no se mide solo por tratados, sino por la capacidad de influir en los flujos de comercio mundial.
