En un giro narrativo que nadie esperaba, Max Verstappen ha dejado de lado la histórica rivalidad para respaldar públicamente a su excompañero Sergio «Checo» Pérez, recomendado como una «buena elección» para el nuevo equipo Cadillac F1 que debutará en 2026.
De Rivales a… ¿Aliados?
La relación entre Max Verstappen y Checo Pérez en Red Bull Racing estuvo marcada por la tensión competitiva, con momentos de fricción que fueron ampliamente cubiertos por los medios. Por eso, las recientes declaraciones del campeón holandés han causado un gran impacto en el paddock de la Fórmula 1.
Ante los crecientes rumores que sitúan a Pérez en la órbita de Cadillac para la temporada 2026, Verstappen no solo no evitó el tema, sino que ofreció un respaldo sorprendentemente sólido y elogioso hacia el piloto mexicano.
«Sí, creo que sí. Checo siempre ha sido muy fuerte. Siempre me he llevado bien con él y, mientras siga motivado para correr, sería una buena elección para un equipo nuevo como ese (Cadillac)». – Max Verstappen.
Una Defensa que Redefine la Narrativa
Verstappen fue más allá del simple cumplido. Defendió el desempeño de Pérez durante su etapa en Red Bull, sugiriendo que las dificultades del mexicano no fueron enteramente su culpa, sino que estaban relacionadas con la complejidad del monoplaza del equipo.
«Ha pasado por momentos difíciles con nosotros, pero eso parece ocurrir más a menudo con nosotros». – Max Verstappen.
Esta frase es una revelación. Es un reconocimiento implícito de que el coche de Red Bull estaba diseñado a la medida de su estilo de conducción, una queja que a menudo se escuchaba en el entorno de Pérez. Que venga del propio Verstappen le da una credibilidad inmensa y recontextualiza los problemas que enfrentó Checo.
El Veredicto del Juez: Un Golpe Maestro de Relaciones Públicas (y Humanidad)
La intervención de Verstappen es un movimiento brillante que subvierte por completo la narrativa esperada de rivalidad. Un respaldo público de un archirrival es un ángulo de interés humano extremadamente poderoso que genera una ola de sentimiento positivo y discusión.
Este gesto cambia la percepción pública de su relación. Ya no son solo el «piloto número 1» y el «piloto número 2»; son dos competidores de élite que, fuera de la pista, comparten un respeto mutuo. Para Checo Pérez, este respaldo es oro puro. Le da un sello de aprobación del mejor piloto de la parrilla actual, fortaleciendo su posición en las negociaciones con Cadillac o cualquier otro equipo. Para Verstappen, le muestra una faceta más madura y magnánima, mejorando su propia imagen pública.
En un deporte a menudo definido por egos y conflictos, este episodio es un refrescante recordatorio de que el respeto profesional puede trascender la más feroz de las competencias.
