Lo dieron por acabado. Lo enviaron a una liga «menor». Y a sus 39 años, Sergio Ramos acaba de sentenciar al fútbol moderno. Su actuación de MVP contra el Inter no fue un partido, fue un juicio. Y este es el veredicto.
Hay jugadores que marcan goles. Hay líderes que ganan partidos. Y luego está Sergio Ramos, un futbolista que, a sus 39 años, se ha convertido en un juez del tiempo. Su actuación en el empate 1-1 de Monterrey contra el Inter de Milán en el Mundial de Clubes es mucho más que una gesta deportiva; es una lección magistral, una revancha poética y una humillación para todos aquellos que se atrevieron a jubilarlo antes de tiempo.
Las pruebas contra el fútbol moderno son abrumadoras y el fiscal es un central de Camas con el alma de un gladiador.
Prueba A: El Gol como Sentencia
Minuto 25. Córner a favor de Monterrey. El balón vuela hacia el corazón del área de un finalista de la Champions League. Y allí, como si el tiempo no hubiera pasado, emerge la figura de Sergio Ramos. Se deshace de su marcador, el internacional italiano Francesco Acerbi, y conecta un cabezazo imperial que se clava en la red.
No fue un gol cualquiera. Fue un gol «marca de la casa». Un déjà vu que ha aterrorizado a las mejores defensas de Europa durante dos décadas. Fue la demostración palpable de que ciertos instintos no entienden de edad. Mientras otros a los 39 años gestionan su declive, Ramos sigue ejecutando con la precisión de un maestro.
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Prueba B: El MVP como Veredicto
Por si el gol no fuera suficiente, la organización del torneo lo nombró Man of the Match (MVP). Un defensor de 39 años, jugando para un equipo mexicano, siendo el mejor sobre un campo lleno de estrellas que venían de disputar el partido más importante del fútbol de clubes. Es una anomalía tan brutal que se convierte en una declaración de principios.
Su liderazgo fue total. Organizó la defensa, mantuvo la calma tras el empate de Lautaro Martínez y casi lleva a su equipo a una victoria histórica. Sus declaraciones post-partido fueron tan certeras como su remate: «Cuando no consigues los tres puntos nunca estás del todo contento, pero un punto es mejor que nada». Humildad en la victoria moral, hambre en el análisis. Pura mentalidad Ramos.
El Juicio al Sistema
La actuación de Ramos es un dedo acusador contra el ageísmo de la élite del fútbol. ¿Cuántos directores deportivos lo descartaron por su fecha de nacimiento? ¿Cuántos clubes prefirieron invertir millones en «potencial» en lugar de confiar en la probada y eterna jerarquía?
Ramos, el mismo jugador que ostenta el récord de ser uno de los más expulsados del siglo XXI , utilizó esa misma agresividad competitiva, esa indomable voluntad, para ganar un juicio personal. Demostró que el «nuevo dinero» de ligas como la mexicana puede, no solo competir, sino mirar a los ojos a la aristocracia europea y plantarle cara.
El fútbol no retiró a Sergio Ramos. Sergio Ramos acaba de retirar los prejuicios del fútbol.
