McDermott despedido: el giro definitivo en los Bills

McDermott deja Buffalo tras otra caída en playoffs y una era que transformó a los Bills sin lograr el trofeo

McDermott es despedido por los Bills tras nueve años sin llegar al Supertazón pese al éxito con Josh Allen

McDermott llegó a Buffalo en 2017 con la ilusión de construir algo que la franquicia no había tenido en décadas: estabilidad, identidad y una ruta clara hacia el Supertazón. McDermott miraba por la ventana de su oficina imaginando multitudes celebrando un título que nunca llegó, y ese sueño terminó cuando el propietario Terry Pegula decidió poner punto final a una era que fue exitosa en números, pero insuficiente en resultados finales.

McDermott transformó a los Bills de un equipo perdido a un contendiente habitual. Ocho clasificaciones a playoffs en nueve temporadas no son un accidente en la NFL moderna, donde la paridad castiga la continuidad. Sin embargo, la paciencia tiene límites, y la nueva eliminación en ronda divisional ante Denver selló el destino del entrenador que cambió la mentalidad de Buffalo, pero no pudo llevarlo al juego grande.

La decisión que sacudió a Buffalo

La mañana posterior a la derrota, la noticia cayó como un relámpago. McDermott había sido despedido después de nueve años en el cargo. Pegula fue claro al explicar que la organización necesitaba una nueva estructura de liderazgo para dar el siguiente paso. Para muchos aficionados, la salida de McDermott fue tan dolorosa como inevitable.

McDermott no solo reclutó a Josh Allen en el Draft de 2018; también construyó alrededor de él una cultura de trabajo, disciplina y resiliencia. Bajo su mando, los Bills dejaron de ser una franquicia irrelevante para convertirse en un rival temido cada enero. Aun así, el fracaso de alcanzar un Supertazón se convirtió en la sombra permanente de su legado.

El proyecto que sí funcionó

Cuando McDermott tomó las riendas, Buffalo arrastraba una sequía de playoffs de 17 años. En su primera temporada, el equipo se coló en la postemporada en el último día, rompiendo una racha que parecía maldita. Aquella clasificación fue el primer indicio de que algo estaba cambiando.

McDermott apostó por una defensa agresiva, por un enfoque físico y por la paciencia con un joven mariscal de campo que muchos consideraban un proyecto arriesgado. Josh Allen evolucionó hasta convertirse en uno de los pasadores más completos de la liga, rompiendo récords que parecían intocables en la franquicia.

McDermott chocó con el mismo muro. Perdió dos finales de conferencia americana con los Bills.
McDermott chocó con el mismo muro. Perdió dos finales de conferencia americana con los Bills.

El peso de las derrotas clave

A pesar de los avances, McDermott chocó una y otra vez con el mismo muro. Dos finales de conferencia americana perdidas, ambas ante Kansas City y Patrick Mahomes, marcaron el techo de su proyecto. Cada enero terminaba con la misma pregunta: ¿por qué este equipo tan talentoso no podía dar el último paso?

Para McDermott, esas derrotas se convirtieron en una losa. No importaba cuántos partidos ganara en temporada regular ni cuántas veces llegara a playoffs. La narrativa siempre regresaba al mismo punto: la ausencia del trofeo Vince Lombardi.

La presión interna y externa

Con cada eliminación, la presión sobre McDermott aumentaba. Los aficionados pedían cambios, los analistas cuestionaban sus decisiones tácticas y la directiva empezaba a preguntarse si el proyecto había tocado techo. La caída ante Denver, un rival al que Buffalo partía como favorito, fue la gota que derramó el vaso.

McDermott terminó con una foja de 98-50 en temporada regular y 8-8 en playoffs, cifras respetables que lo colocan como el segundo entrenador más ganador en la historia de la franquicia, solo detrás de Marv Levy. Pero en la NFL, la historia no se escribe solo con números, sino con anillos.

McDermott terminó con una foja de 98-50 en temporada regular y 8-8 en playoffs.

El nuevo orden en los Bills

Tras la salida de McDermott, Brandon Beane fue promovido a presidente de operaciones de fútbol americano. Será su primera búsqueda de entrenador desde que llegó a Buffalo en 2017, y todo indica que priorizará un perfil ofensivo para maximizar el talento de Josh Allen.

La organización cree que el núcleo del equipo sigue siendo competitivo. El problema no era el talento, sino la incapacidad de convertirlo en un campeonato. Para Buffalo, el despido de McDermott no es un acto de ingratitud, sino una apuesta desesperada por cambiar el destino.

Un legado complejo

Hablar de McDermott es hablar de un técnico que devolvió la relevancia a una franquicia dormida. Bajo su mando, los Bills se convirtieron en un equipo respetado, con una identidad clara y una base de aficionados rejuvenecida por la esperanza.

Sin embargo, también es hablar de oportunidades perdidas. Partidos cerrados, decisiones conservadoras y momentos de mala fortuna marcaron su etapa. McDermott será recordado como el hombre que levantó a Buffalo del suelo, pero no como el que lo llevó al cielo.

El impacto en Josh Allen

Para Josh Allen, la salida de McDermott representa el fin de una relación que definió su carrera. Juntos crecieron, fallaron y volvieron a intentarlo una y otra vez. El mariscal se convirtió en una superestrella bajo la tutela de un entrenador que creyó en él cuando pocos lo hacían.

Ahora, Allen enfrentará una nueva etapa con un nuevo coach y un nuevo sistema. La presión será aún mayor, porque el margen de error se ha reducido. Buffalo ya no se conforma con playoffs; exige campeonatos.

La reacción de la afición

La afición de los Bills quedó dividida. Algunos agradecen a McDermott por devolver la dignidad a la franquicia. Otros consideran que su salida llega tarde y que el equipo desperdició años valiosos de un mariscal generacional.

En bares, foros y redes sociales, el nombre de McDermott se repite entre la nostalgia y la frustración. Nadie duda de su impacto positivo, pero casi todos coinciden en que algo tenía que cambiar.

Lo que viene para McDermott

A sus 51 años, McDermott no tardará en recibir ofertas. Su historial de éxito en temporada regular y su capacidad para construir culturas ganadoras lo convierten en un candidato atractivo para varias franquicias en reconstrucción.

Para McDermott, este despido no es el final, sino una pausa. Tendrá tiempo para reflexionar sobre sus errores, ajustar su filosofía y prepararse para una segunda oportunidad en la NFL.

El espejo de otras eras fallidas

La historia de Buffalo está llena de entrenadores que rozaron la gloria sin alcanzarla. Marv Levy llevó al equipo a cuatro Supertazones consecutivos sin ganar ninguno. McDermott repitió, en otro contexto, esa sensación de estar siempre a un paso.

Para los Bills, romper ese patrón es una obsesión. Por eso la directiva decidió cortar por lo sano y buscar una voz nueva, aunque eso implique despedirse del técnico más estable que han tenido en décadas.

El juicio final

Con el paso del tiempo, la figura de McDermott será juzgada con más matices. No fue un fracaso, pero tampoco un campeón. Fue un constructor de cimientos que otros deberán convertir en títulos.

Buffalo inicia ahora una nueva era con incertidumbre, pero también con esperanza. Y mientras la franquicia busca su próximo líder, el nombre de McDermott quedará grabado como el hombre que devolvió la fe, aunque no pudo cumplir la promesa final.

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Giovanna Cancino es una experimentada profesional de la comunicación, Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación. Con más de una década de trayectoria en medios impresos y digitales, se ha consolidado como reportera y editora. Su profundo conocimiento se refleja en sus colaboraciones en la sección deportiva 'Sport Judge', así como en las importantes secciones Nacional e Internacional, asegurando una cobertura fiable y relevante para nuestros lectores.
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