Mónaco no es solo un circuito de carreras; es el epicentro del lujo y la exclusividad en la Fórmula 1. Muchos pilotos y figuras clave del deporte residen en este principado, atraídos por un estilo de vida único. Pero, ¿cuál es el verdadero precio de vivir en este paraíso terrenal?

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Un refugio dorado: ventajas fiscales y estilo de vida inigualable
Más allá del espectáculo del Gran Premio, Mónaco es hogar permanente de íconos de la F1. ¿Qué los atrae a este diminuto pero brillante enclave mediterráneo?
La respuesta no es solo económica, aunque las ventajas fiscales son innegables. Lando Norris ha reconocido que fue una de las principales razones de su mudanza. Pero también destacan la privacidad, seguridad y calidad de vida.
Charles Leclerc, oriundo del principado, entrena en gimnasios locales y practica crioterapia en las Thermes Marins. Para muchos, Mónaco representa la posibilidad de llevar una vida “normal” en un entorno de película, incluso durante el fin de semana del GP.
Max Verstappen, Lewis Hamilton, George Russell, Alex Albon, Nico Hülkenberg, Esteban Ocon, Valtteri Bottas y el director de Mercedes, Toto Wolff, también tienen su residencia aquí.
«Es algo que muchos pilotos hacen, especialmente considerando cómo pueden cambiar las cosas en este deporte.»
— Lando Norris sobre mudarse a Mónaco
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Yates, fiestas y la élite social
Durante el Gran Premio, la opulencia se multiplica. El puerto Hercule se transforma en una pasarela flotante de superyates, fiestas privadas y acuerdos millonarios cerrados entre copas de champán.
Kelly Piquet, pareja de Verstappen, compartió en sus redes escenas de “noches largas, grandes vibras” a bordo de yates, incluso cuando Max no brillaba en pista.
La familia real monegasca —con Charlène, Carlota Casiraghi y Alexandra de Hannover— frecuenta el paddock, sumando tradición al evento. Celebridades, magnates y figuras de la moda, como Lewis Hamilton en su traje hecho a medida de Calvin Klein, se mezclan con los protagonistas del automovilismo.
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La presión detrás del brillo
No todo es lujo. Vivir en el corazón de la F1 también implica una exposición constante. La cercanía entre rivales y compañeros genera roces, tensiones y rumores que se propagan como pólvora en este pequeño mundo cerrado.
Mónaco es tanto un santuario como una vitrina. Cada movimiento es observado, y cada error, amplificado. Para los pilotos, el desafío está en equilibrar la vida de alto lujo con la disciplina que exige uno de los deportes más competitivos del planeta.
¿Te gustaría vivir el estilo de vida de Mónaco? ¿Con quién te irías de fiesta durante el GP? ¡Coméntalo abajo!
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