En una noche llena de emociones en el Etihad Stadium, el Manchester City enfrentaba al Brujas en un partido decisivo para sus aspiraciones en la Champions League. El equipo de Pep Guardiola, que había tenido una fase de grupos irregular, necesitaba una victoria para asegurar su pase a los playoffs y evitar una eliminación prematura que habría sido un duro golpe para el vigente campeón de la Premier League.
Un inicio titubeante
Desde el pitido inicial, el City buscó imponer su estilo de juego característico, basado en la posesión y el ataque constante. Sin embargo, el Brujas, lejos de amedrentarse, planteó un esquema defensivo sólido y aprovechó cada oportunidad para contraatacar. Fue así como, al filo del descanso, el nigeriano Onyedika culminó una rápida contra, poniendo el 1-0 en el marcador y silenciando a la afición local.
La charla en el vestuario
El entretiempo fue crucial. Guardiola, conocido por su capacidad para motivar y ajustar tácticas, instó a sus jugadores a mantener la calma y confiar en su plan de juego. Las palabras del técnico catalán resonaron en el vestuario, y el equipo salió al segundo tiempo con una renovada determinación.
La remontada
A los 53 minutos, Mateo Kovacic, quien había tenido un desempeño discreto hasta entonces, apareció en el área rival para empatar el partido con un potente disparo. El gol fue un bálsamo para el equipo y la afición, que volvieron a creer en la remontada.
Diez minutos más tarde, una jugada desafortunada para el Brujas resultó en un autogol de Joel Ordóñez, dando la ventaja al City. Con el 2-1 a favor, el equipo de Manchester no bajó la guardia y continuó presionando. Finalmente, al minuto 77, el brasileño Savinho selló la victoria con un gol que desató la euforia en el estadio.
Este triunfo no solo aseguró la clasificación del Manchester City a los playoffs de la Champions League, sino que también demostró la resiliencia y el carácter del equipo ante la adversidad. Aunque la fase de grupos presentó desafíos inesperados, el City supo sobreponerse y ahora se perfila como un rival temible en las etapas eliminatorias.
La afición, que vivió una montaña rusa de emociones, despidió a sus jugadores con una ovación, conscientes de que, aunque el camino ha sido arduo, las esperanzas de conquistar Europa siguen intactas.
Con esta victoria, el Manchester City envía un mensaje claro a sus futuros rivales: nunca subestimen el corazón de un campeón.
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