Es refrescante ver un nuevo color en la cima, pero la pregunta es inevitable: ¿Ha escapado la F1 del dominio de Red Bull solo para caer en una nueva era de tiranía naranja? Este es el veredicto sobre el estado de la competición en 2025.
El Nuevo Monarca de la Parrilla
Las estadísticas de la temporada 2025 son tan contundentes como un martillo. McLaren ha ganado la gran mayoría de las carreras disputadas hasta la fecha. Su ventaja en el Campeonato de Constructores no es simplemente grande, es abrumadora, con más del doble de puntos que su perseguidor más cercano, Ferrari. El MCL39, con sus continuas y efectivas actualizaciones, es simplemente una obra maestra de la ingeniería aerodinámica, muy por delante de cualquier otra máquina en la parrilla.
El color papaya ha reemplazado al azul oscuro en lo más alto del podio. La Fórmula 1 tiene un nuevo rey. Pero para el aficionado, la pregunta crucial es si un cambio de monarca es suficiente para declarar la salud del reino.
¿Hemos Cambiado una Dinastía por Otra?
La era de dominio de Red Bull y Max Verstappen fue criticada por su previsibilidad. La esperanza era que las regulaciones introducidas en 2022, junto con el límite presupuestario, fomentaran una mayor convergencia, permitiendo que varios equipos lucharan por las victorias. Por un tiempo, pareció funcionar. Pero en 2025, McLaren ha roto esa tendencia de forma espectacular.
El deporte se enfrenta ahora a una pregunta incómoda: ¿hemos escapado de una era de dominio absoluto solo para caer en otra? ¿Es el espectáculo de la F1 simplemente una rotación de tiranías, donde un equipo descifra el código reglamentario y se vuelve inalcanzable durante varios años?
El Fracaso de los Perseguidores
El dominio de McLaren se ve acentuado por la sorprendente debilidad de sus rivales. Red Bull está inmerso en una crisis técnica y psicológica que lo ha relegado a ser el cuarto mejor equipo. Ferrari, a pesar de las mejoras y el talento de sus pilotos, sigue mostrando una inconsistencia frustrante, capaz de luchar por el podio un fin de semana y desaparecer al siguiente. Y Mercedes, aunque sólido, parece haber tocado un techo en su desarrollo, estancado en la tercera posición sin poder dar el salto definitivo.
La parrilla no se ha compactado; se ha estirado. Hay una brecha enorme entre McLaren y el resto, y una batalla reñida por las migajas que dejan.
El Impacto en el Espectáculo
Un dominio tan aplastante, sin importar quién lo ejerza, tiene un impacto directo en el producto que se ofrece a los aficionados. La emoción se traslada de la lucha por la victoria a la lucha por el segundo puesto, o, como en el caso actual, a la batalla interna dentro del equipo dominante.
Si bien la rivalidad entre Lando Norris y Oscar Piastri es fascinante, el deporte corre el riesgo de volverse predecible en su resultado final. La incertidumbre es el alma de la competición, y cuando esa incertidumbre se limita a cuál de los dos coches naranjas cruzará la meta primero, el interés general puede decaer.
El Veredicto del Juez
El dominio de McLaren en 2025 es un testimonio de su brillantez técnica y organizativa. Merecen todos los elogios. Sin embargo, desde la perspectiva del deporte en su conjunto, es una advertencia. La Fórmula 1 corre el riesgo de caer en la misma trampa de previsibilidad que marcó la era anterior.
Se suponía que el límite presupuestario nivelaría el campo de juego, pero no puede borrar las ventajas estructurales y de conocimiento acumuladas durante años por los grandes equipos. McLaren, tras su reestructuración, ha sido el primero en optimizar al máximo esta infraestructura heredada. El resultado es una nueva dinastía. La verdadera prueba del éxito de las regulaciones no es quién gana, sino cuántos pueden ganar. Y por ahora, la respuesta a esa pregunta parece ser: «solo McLaren».
