Charles Leclerc cometió un error garrafal antes siquiera de empezar la Sprint de Miami, estrellando su Ferrari en la vuelta a parrilla. Un fallo impropio de su calibre que levanta serias dudas y merece una crítica severa.
Hay errores y errores en la Fórmula 1. Y el que cometió Charles Leclerc este sábado en Miami entra directamente en la categoría de «imperdonables» para un piloto de su estatus y para un equipo como Ferrari. Chocar solo, en la vuelta de camino a la parrilla, antes de que se apague el semáforo de la carrera Sprint, es simplemente inaceptable.
Las excusas no valen
Sí, las condiciones eran extremadamente delicadas, con lluvia intensa y aquaplaning. El propio Leclerc dijo por radio que «no estaba empujando». Pero precisamente por eso, la concentración y la precaución debían ser máximas. Todos los demás pilotos (excepto los implicados en otros incidentes) lograron llevar sus coches a la parrilla.
¿Qué falló entonces?
- * ¿Exceso de Confianza?: Quizás subestimó el riesgo en una vuelta teóricamente tranquila.
- * ¿Falta de Concentración?: Un despiste momentáneo en el peor lugar posible.
- * ¿Presión Acumulada?: La necesidad imperiosa de Ferrari de sumar puntos pudo haber jugado en su subconsciente, llevándolo a cometer un fallo por tensión. Sea cual sea la causa raíz, el resultado es el mismo: un coche fuera de combate antes de empezar, cero puntos potenciales en la Sprint para él y un golpe moral para el equipo en un fin de semana catalogado como «crucial».
El juicio: Un fallo indefendible
Desde «El Ojo del Juez», este error no tiene defensa. Un piloto líder, en un equipo de punta, debe tener la habilidad y la disciplina para gestionar condiciones adversas, especialmente fuera de la competición directa. Este tipo de fallos son los que diferencian a los campeones de los grandes pilotos.
Leclerc tiene el talento, nadie lo duda. Pero incidentes como este alimentan las dudas sobre su capacidad para mantener la consistencia y evitar errores costosos bajo la inmensa presión que supone vestir de rojo. Ferrari necesita un líder fiable, y hoy, Leclerc falló estrepitosamente en serlo. La carrera principal será su oportunidad para redimirse, pero la mancha de este error ya es indeleble.
