Infantino volvió a quedar bajo cuestionamiento después de que UEFA, Concacaf y la Confederación Asiática de Futbol acusaran a la dirigencia de la FIFA de haber roto la confianza mediante decisiones tomadas sin suficiente transparencia y consulta. El conflicto actual funciona como una nueva muestra de una discusión que acompaña desde hace años a su administración: si la transformación del futbol mundial ha fortalecido realmente al deporte o si también ha concentrado demasiado poder en la cúpula de la organización.
La controversia surgió por una propuesta, posteriormente abandonada, para vender una participación del 20% en determinados derechos comerciales de la Copa del Mundo por unos 4 mil 200 millones de dólares. Las tres confederaciones cuestionaron el proceso y reclamaron una investigación independiente, al considerar que no se trató de un simple error administrativo, sino de un problema de confianza, transparencia y toma de decisiones dentro del futbol internacional.
¿Quién es Infantino, el presidente que cambió la estructura del futbol?
Infantino nació en Suiza en 1970 y construyó su carrera principalmente dentro de la administración deportiva antes de convertirse en una figura conocida para el gran público. Su perfil no era el de una estrella del futbol ni el de un exjugador convertido en dirigente, sino el de un abogado especializado en asuntos deportivos, con experiencia en reglamentos, negociaciones internacionales y estructuras institucionales que terminó abriéndole las puertas de la UEFA.
Su ascenso dentro del futbol europeo fue especialmente importante durante su trabajo como secretario general de la UEFA, puesto desde el que participó en negociaciones sobre competiciones, derechos audiovisuales y relaciones entre federaciones. Su cercanía con la estructura encabezada por Michel Platini le permitió adquirir experiencia política y administrativa, aunque su llegada a la presidencia mundial se produjo en circunstancias extraordinarias, cuando la FIFA atravesaba una de las mayores crisis de su historia.
¿Cómo llegó Infantino a la FIFA después de la crisis de corrupción?
La elección de Infantino en 2016 ocurrió después del colapso de credibilidad que sufrió la organización durante los últimos años de la presidencia de Joseph Blatter. Las investigaciones por corrupción, los arrestos de dirigentes y los procesos judiciales provocaron una crisis institucional que obligó a la FIFA a buscar una nueva cara capaz de presentar una etapa de reformas y recuperar la confianza de federaciones, patrocinadores y aficionados.
El 26 de febrero de 2016 fue elegido como el noveno presidente de la FIFA, tras imponerse en la segunda ronda de votación del Congreso Extraordinario. Su llegada coincidió con una serie de reformas de gobernanza que incluían cambios en la estructura interna, separación de funciones estratégicas y ejecutivas, límites de mandato y nuevos mecanismos de control sobre los recursos económicos de la organización.
La promesa era clara: la nueva administración debía representar una ruptura con el pasado y demostrar que la FIFA podía volver a funcionar sin que las acusaciones de corrupción definieran su imagen. Ese punto de partida explica por qué, una década después, las actuales críticas sobre transparencia tienen un peso especial, ya que muchas de ellas cuestionan precisamente si la institución logró alejarse por completo de los problemas de gobernanza que prometió corregir.
Los principales aciertos de Infantino que marcaron su administración
Uno de los cambios más importantes fue el aumento de recursos destinados a las asociaciones nacionales. El programa FIFA Forward incrementó el dinero disponible para proyectos de desarrollo, infraestructura y competiciones en las federaciones miembro, con el objetivo de reducir la enorme distancia que históricamente existía entre las grandes potencias económicas y los países con menos recursos para impulsar el futbol.
Ese modelo fortaleció una de las principales bases políticas de su gestión: llevar más recursos directamente a las federaciones. Para muchas asociaciones nacionales, especialmente fuera de Europa, el crecimiento de la inversión representó una oportunidad para construir centros deportivos, mejorar torneos locales y financiar programas que antes dependían casi por completo de apoyos gubernamentales o de ingresos limitados.
Otro de los grandes aciertos atribuidos a Infantino fue la expansión de la representación internacional. La Copa del Mundo dejó atrás el formato de 32 selecciones y, en 2026, reunió por primera vez a 48 equipos y disputó 104 partidos. La decisión permitió que más países accedieran al máximo torneo del futbol y se convirtió en una de las transformaciones estructurales más importantes de la competición desde su creación.
La expansión también tuvo consecuencias económicas directas para los participantes. Antes del torneo, la FIFA aprobó una distribución financiera récord para las 48 asociaciones clasificadas, con un total cercano a los 900 millones de dólares y recursos garantizados incluso para las selecciones eliminadas en las primeras fases. Esa redistribución es uno de los argumentos más fuertes de quienes defienden que el crecimiento comercial de la organización sí ha generado beneficios concretos para una mayor cantidad de federaciones.
El crecimiento del futbol también trajo nuevos problemas
El modelo de expansión, sin embargo, generó una discusión permanente sobre la cantidad de partidos y el crecimiento constante del calendario. Mientras la FIFA sostiene que más competiciones significan más oportunidades deportivas y mayores ingresos para financiar el desarrollo global, clubes, ligas y jugadores han cuestionado durante años la carga física que implica sumar torneos a una agenda que ya estaba marcada por calendarios cada vez más saturados.
El problema no es únicamente deportivo. Cada nueva competición modifica las relaciones de poder dentro del futbol porque aumenta el peso de la FIFA sobre los derechos comerciales, los periodos internacionales y la distribución de recursos. Por eso, uno de los principales debates alrededor de su gestión es si la expansión representa una democratización real del deporte o una estrategia que, al mismo tiempo, permite a la organización controlar una porción cada vez mayor del negocio mundial.
Infantino también ha enfrentado cuestionamientos por su estilo de liderazgo y por la percepción de que algunas decisiones importantes son impulsadas desde la presidencia antes de alcanzar un consenso amplio. Las críticas no significan que todas las federaciones se opongan a su administración, ya que conserva importantes apoyos dentro de distintas regiones, pero la reciente disputa con tres grandes confederaciones demuestra que la tensión sobre la gobernanza ya alcanzó un nivel difícil de ignorar.
¿Por qué UEFA, Concacaf y AFC hablan de una ruptura de confianza?
El conflicto con Infantino de agosto de 2026 se convirtió en uno de los episodios más serios de la actual discusión sobre el futuro de la FIFA. UEFA, Concacaf y la AFC firmaron una carta conjunta en la que criticaron la forma en que se manejó el proyecto para abrir a inversión privada una parte de los derechos comerciales vinculados al Mundial, y señalaron que el problema no podía reducirse a una falla de procedimiento.
Las confederaciones cuestionaron especialmente la falta de consulta y el hecho de que una decisión con posibles consecuencias sobre el principal activo comercial del futbol mundial pudiera avanzar sin un proceso que consideraran suficientemente transparente. El proyecto fue retirado, pero la retirada no cerró el conflicto porque las organizaciones exigieron revisar cómo se desarrolló la propuesta y qué mecanismos permitieron que llegara tan lejos.
Infantino quedó nuevamente en el centro de una discusión sobre los límites del poder presidencial. Sus críticos consideran que la crisis demuestra un patrón de decisiones cada vez más centralizadas, mientras sus defensores argumentan que la FIFA cuenta con procesos democráticos internos y que las diferencias deben resolverse dentro de las estructuras formales del organismo. Esa diferencia de interpretación explica por qué el debate no se limita al proyecto comercial, sino al modelo de gobierno del futbol mundial.
El Mundial 2026 como prueba del modelo de expansión de Infantino
El Mundial 2026 fue la mayor prueba práctica de una filosofía que comenzó a construirse desde los primeros años de esta administración. La edición organizada por México, Estados Unidos y Canadá fue la primera con 48 selecciones, 12 grupos y 104 encuentros, por lo que representó una transformación profunda respecto al modelo de 32 equipos que había funcionado durante varias décadas.
Entre los principales aciertos organizativos destacó la capacidad de montar una competición de dimensiones inéditas en tres países y 16 ciudades sede. El torneo confirmó que la FIFA podía coordinar una operación transnacional mucho más compleja y mantener una estructura comercial capaz de generar recursos extraordinarios, además de ampliar la participación de selecciones y federaciones que históricamente tenían menos posibilidades de llegar a una Copa del Mundo.
La ampliación del número de participantes también permitió que más países vivieran por primera vez una experiencia mundialista o regresaran al torneo después de largos periodos de ausencia. Desde una perspectiva de desarrollo, esa mayor representación fue uno de los argumentos centrales para defender el formato, ya que la clasificación dejó de concentrarse en las mismas potencias y abrió más plazas para confederaciones que durante décadas consideraron insuficiente su presencia.
Los desaciertos de Infantino que dejó la organización del torneo
El Mundial 2026 también evidenció las contradicciones de convertir la Copa del Mundo en un producto cada vez más grande. La complejidad logística aumentó con los extensos desplazamientos, la diferencia entre ciudades y las necesidades de seguridad, transporte y alojamiento en un torneo distribuido por un territorio enorme. Para equipos y aficionados, seguir una competición de estas dimensiones exigió una inversión económica y una planificación mayores que en ediciones anteriores.
Otro de los puntos más cuestionados de Infantino fue el costo de asistir al Mundial. Incluso antes del inicio del torneo, los precios de las entradas generaron presión de grupos de aficionados, mientras la FIFA defendía su política con el argumento de una demanda sin precedentes y la necesidad de reinvertir los ingresos en el desarrollo del futbol. La discusión dejó una pregunta permanente: hasta qué punto un Mundial global puede mantener su identidad popular si la experiencia en los estadios se vuelve inaccesible para una parte importante de sus seguidores.
La edición de 2026 también mostró el dilema deportivo de la expansión. Más selecciones aumentaron la representación, pero 104 partidos obligaron a replantear el calendario, la recuperación y la propia experiencia del torneo. El reto para la FIFA ya no consiste solo en demostrar que puede organizar eventos más grandes, sino en decidir si el crecimiento permanente mantiene un equilibrio entre negocio, competitividad y bienestar de quienes participan.
¿Cuál es el verdadero legado que deja Infantino en su gestión?
Infantino transformó a la FIFA en una organización más grande, con mayores ingresos, más torneos y una distribución de recursos que alcanzó a un número importante de asociaciones. La expansión del Mundial, el fortalecimiento de los programas de desarrollo y la capacidad para convertir sus competiciones en productos globales son resultados concretos que explican por qué mantiene respaldo dentro de una parte importante del futbol internacional.
Sin embargo, sus principales logros también contienen el origen de sus mayores críticas. Un organismo más poderoso maneja más dinero, organiza más torneos y toma decisiones con consecuencias cada vez mayores, por lo que las exigencias de transparencia también crecen. La polémica actual demuestra que aumentar la capacidad económica no basta para eliminar las dudas sobre la manera en que se ejerce el poder y sobre quién participa realmente en las decisiones.
Por eso, el legado de Infantino no puede definirse únicamente por los ingresos generados, la cantidad de selecciones que disputaron el Mundial o el dinero distribuido a las federaciones. Su administración será evaluada también por la relación que mantuvo con las confederaciones, por la confianza dentro de la FIFA y por su capacidad para demostrar que la expansión del negocio no terminó imponiéndose sobre los principios de transparencia y responsabilidad institucional.
¿Por qué hay tantas inconformidades con el trabajo de Infantino?
Las inconformidades no responden a una sola decisión. Se han acumulado debates sobre concentración de poder, expansión del calendario, crecimiento comercial, precios para los aficionados y mecanismos internos de gobernanza. Cada una de estas discusiones tiene causas diferentes, pero juntas construyen una percepción de descontento que se vuelve especialmente visible cuando organizaciones como UEFA, Concacaf y la AFC coinciden en cuestionar públicamente a la presidencia.
La situación actual de Infantino también es relevante porque revela una división dentro de las propias estructuras del futbol mundial. La FIFA no funciona como un bloque completamente uniforme y sus 211 asociaciones tienen intereses deportivos, económicos y políticos distintos. Por ello, una crítica conjunta de varias confederaciones importantes tiene un peso institucional que va más allá de una simple polémica y puede influir en la discusión sobre futuras reformas.
El mayor desafío para la organización será convertir las críticas en una oportunidad para revisar sus procesos. Si la respuesta se limita a resolver cada conflicto de forma aislada, las dudas sobre la gobernanza continuarán apareciendo; en cambio, un sistema con mayor consulta, transparencia y controles independientes podría ayudar a reconstruir parte de la confianza que ahora varias organizaciones consideran deteriorada.
Preguntas frecuentes sobre el desempeño de Infantino en la FIFA
¿Cómo llegó Infantino a ser presidente de la FIFA?
Infantino fue elegido presidente el 26 de febrero de 2016 durante un Congreso Extraordinario convocado después de la crisis que provocaron los escándalos de corrupción de la etapa anterior. Antes de llegar al máximo cargo mundial, había construido su carrera como abogado y dirigente dentro de la UEFA, donde se desempeñó como secretario general y adquirió experiencia en la administración de las principales competiciones europeas.
¿Cuáles son los principales aciertos de Infantino?
Entre sus principales resultados destacan el aumento de recursos para las asociaciones miembro, la expansión de la Copa del Mundo a 48 selecciones, el crecimiento de las competiciones internacionales y una mayor distribución económica entre las federaciones. Sus defensores también resaltan que la FIFA recuperó estabilidad financiera e institucional después de la grave crisis que marcó la salida de la administración anterior.
¿Cuáles son los principales errores de su administración?
Sus críticos señalan la concentración de poder, las dudas sobre la transparencia de determinadas decisiones, la expansión excesiva del calendario y la creciente comercialización del futbol. El proyecto para vender una participación en derechos comerciales del Mundial se convirtió en uno de los ejemplos más recientes, al provocar una protesta conjunta de UEFA, Concacaf y la AFC por la forma en que fue planteado y gestionado.
¿Por qué el Mundial 2026 es importante para evaluar el legado de Infantino?
Porque fue la primera Copa del Mundo de 48 selecciones y la aplicación más grande de la estrategia de expansión impulsada durante su administración. El torneo dejó elementos positivos, como una mayor representación internacional y una operación comercial de enorme escala, pero también reavivó críticas por los costos para aficionados, la complejidad logística y el debate sobre si el crecimiento del futbol debe tener límites.
