Canelo en el Banquillo: Dopaje y la pelea que amenaza su legado

Canelo en el Banquillo: Dopaje y la Pelea que Amenaza su Legado
Canelo en el Banquillo: Dopaje y la Pelea que Amenaza su Legado

El veredicto es claro: Saúl «Canelo» Álvarez está cometiendo un error histórico. Al evitar a David Benavidez y ahora enfrentar acusaciones directas de dopaje, no solo esquiva a un rival, sino que pone en tela de juicio toda su carrera.

El cargo de evasión: Una deuda con la historia

Durante más de dos años, el clamor ha sido unánime: Canelo debe enfrentar a David Benavidez. No es un capricho de los fanáticos, sino una obligación para un campeón que se precie de ser el mejor. Benavidez no es un contendiente más; es el retador mandatorio, un monstruo invicto en la plenitud de sus facultades. La negativa de Canelo a concretar el combate, optando por peleas lucrativas pero menos desafiantes que le reportaron cerca de 100 millones de dólares en 2024, ha sido interpretada no como una estrategia de negocios, sino como un acto de evasión.

Los grandes legados se forjan en los mayores desafíos. Floyd Mayweather no podía retirarse sin enfrentar a Manny Pacquiao, aunque la pelea llegara tarde. De la misma manera, la historia juzgará a Canelo no solo por sus múltiples títulos, sino por los rivales que no enfrentó. Evitar a Benavidez es dejar un vacío en su historial, un asterisco que sus detractores señalarán por siempre. Es una deuda con el deporte que, hasta ahora, se niega a pagar.

La escalada del conflicto: La bomba del dopaje

El conflicto ha entrado en una nueva y peligrosa dimensión. David Benavidez, cansado de esperar, ha detonado una bomba nuclear promocional. Su acusación directa de que «todos en el equipo [de Canelo] usan esteroides» es una declaración de guerra total. Al vincular explícitamente a Canelo con el reciente resultado positivo de su compañero de equipo, Jaime Munguía, Benavidez ha cambiado las reglas del juego.

Esto ya no es sobre quién es mejor boxeador. Es sobre quién juega limpio. Benavidez ha sido astuto. Sabe que Canelo tuvo su propia controversia con el clembuterol en el pasado, un punto sensible en su historial. Al atacar la integridad del «Canelo Team», no solo presiona por la pelea, sino que ataca el núcleo del imperio de Canelo: su marca. Un campeón puede permitirse ser criticado por su selección de oponentes, pero no puede permitirse ser visto como un tramposo.

El veredicto sobre el legado: Daños irreparables

La estrategia de Benavidez es brillante en su brutalidad. Ha comprendido que Canelo no opera solo como un atleta, sino como el CEO de su propia marca global. Las críticas deportivas pueden ser ignoradas, pero una afrenta a la integridad de la marca exige una respuesta. El silencio de Canelo ante estas acusaciones ya no puede ser interpretado como la indiferencia de un rey; ahora se percibe como la cautela de alguien que tiene algo que ocultar.

Cada día que pasa sin que Canelo acepte el reto de Benavidez, la narrativa del «miedo» se solidifica y la acusación de «trampa» gana terreno. Está arrinconado. O pelea con Benavidez para, en teoría, silenciar a sus críticos y limpiar su nombre, o permite que estas graves acusaciones se conviertan en una verdad aceptada en la corte de la opinión pública.

El veredicto final del juez

Este tribunal encuentra que el legado de Saúl «Canelo» Álvarez está en grave peligro. Su evasión de David Benavidez ha pasado de ser una decisión de negocios cuestionable a un acto de desacato contra las expectativas del deporte. Las acusaciones de dopaje, sean ciertas o no, han envenenado el pozo. Canelo se enfrenta a una elección que definirá cómo será recordado: como el campeón que conquistó cuatro divisiones o como el rey que se negó a enfrentar a su retador más temido mientras su imperio era cuestionado. Su mayor pelea ya no es en el ring, es contra la percepción. Y por ahora, va perdiendo por puntos.

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