El boxeo mexicano vuelve a temblar. Jaime Munguía, tras su revancha contra Bruno Surace, enfrenta un positivo por testosterona exógena. Este Juez examina las pruebas: ¿negligencia, trampa o una tormenta en un vaso de agua?
El Contexto: De la derrota humillante a la victoria manchada
El camino reciente de Jaime Munguía ha sido una montaña rusa, culminando en un nuevo y profundo bache. Recordemos la noche del 14 de diciembre de 2024: Munguía, peleando en su natal Tijuana y con un favoritismo abrumador (-2500 según algunas casas de apuestas), fue noqueado de forma sorpresiva en el sexto asalto por el francés Bruno Surace.
Aquella derrota fue catalogada por muchos, incluido BoxingScene.com, como el «Upset of the Year 2024», un golpe durísimo para la reputación y las aspiraciones del púgil mexicano.
La sed de revancha era palpable. Se pactó un nuevo enfrentamiento para el 4 de mayo de 2025, esta vez en el escenario neutral y económicamente lucrativo de Riad, Arabia Saudita.
Esta pelea no era un evento menor; fue la coestelar de la cartelera que presentaba a Saúl «Canelo» Álvarez contra William Scull. Para este crucial segundo combate, Munguía tomó una decisión significativa: unirse al establo de Eddy Reynoso, el afamado entrenador de «Canelo» Álvarez, buscando un revulsivo en su preparación y estrategia.
En el ring, Munguía pareció haber hecho los ajustes necesarios, llevándose la victoria por decisión unánime con tarjetas de 117-111 (dos veces) y 116-112. Parecía que la humillación había sido vengada. Pero la sombra de la duda estaba a punto de cernirse sobre este triunfo.
La presión por revertir aquel inesperado KO y el cambio a un campamento de tan alto perfil como el de Reynoso, sin duda intensificaron las expectativas sobre Munguía. ¿Pudo esta presión desmedida ser un factor en lo que vendría después?
La acusación: Testosterona en el sistema
La noticia cayó como una bomba en el mundo del boxeo el 29 de mayo de 2025: Jaime Munguía había arrojado un resultado analítico adverso en una prueba antidopaje. Específicamente, se detectaron metabolitos de testosterona de origen exógeno en una muestra de orina recolectada por la Voluntary Anti-Doping Association (VADA) inmediatamente después de su pelea contra Surace el 4 de mayo.
Según los protocolos, Munguía dispone de un plazo de 10 días a partir de la notificación para solicitar el análisis de su muestra B, la contraprueba que podría, en teoría, exonerarlo. Sin embargo, es un secreto a voces en el deporte que la probabilidad de que una muestra B contradiga el resultado de la muestra A es extremadamente baja.
La testosterona exógena no es una sustancia que aparezca por una contaminación accidental de un suplemento; su presencia apunta directamente al uso de una sustancia prohibida con el fin de mejorar el rendimiento físico, la fuerza o la recuperación. Este no es un error menor; es una acusación grave.
Las consecuencias: ¿Qué le espera a Munguía?
De confirmarse el positivo con la muestra B, o si Munguía opta por no solicitar su apertura, las repercusiones serán severas. La British Boxing Board of Control (BBBoC), entidad que sancionó el evento en Riad, probablemente impondrá una suspensión al boxeador mexicano. Fuentes como The Ring sugieren que esta suspensión podría oscilar entre seis meses y un año, con carácter retroactivo a la fecha de la pelea.
Más allá del tiempo fuera del ring, el impacto más inmediato sería la anulación de su victoria sobre Bruno Surace. El resultado se cambiaría, con toda probabilidad, a un «No-Contest» (Sin Decisión), lo que, irónicamente, restauraría el récord invicto que Surace poseía antes de este combate.
Para Munguía, esto significaría que, en sus últimas cuatro presentaciones, solo contaría con una victoria legítima (sobre John Ryder), sumando la derrota ante Canelo, la derrota inicial ante Surace, y ahora esta victoria anulada.
Un panorama desolador para un peleador que alguna vez fue campeón mundial y aspiraba a las grandes bolsas y reflectores. Una suspensión y la invalidación de un triunfo tan necesario para su carrera serían un golpe devastador para su credibilidad y trayectoria profesional.
Reacciones y especulaciones: ¿El entorno de Reynoso bajo la lupa
Las reacciones no se hicieron esperar. Bruno Surace, el afectado directo por la posible trampa, fue contundente: «No hay lugar para el dopaje en el boxeo. Este deporte ya es suficientemente peligroso», declaró a The Ring, añadiendo que creía que Munguía aceptó la revancha porque sabía que no podría vencerlo en igualdad de condiciones.
Inevitablemente, las miradas también se dirigen hacia el rincón de Munguía y su nuevo equipo. Este incidente trae a la memoria que no es la primera vez que un boxeador bajo la tutela de Eddy Reynoso se ve envuelto en una controversia por dopaje. Tanto Saúl «Canelo» Álvarez como Oscar Valdez tuvieron en su momento hallazgos adversos en controles antidopaje mientras trabajaban con Reynoso.
¿Es esto una simple y desafortunada coincidencia, dada la cantidad de atletas de élite que maneja el entrenador? ¿O hay algo más sistémico en la presión y las exigencias de estos campamentos de alto rendimiento? La pregunta queda en el aire, alimentando la especulación.
La humillante derrota inicial ante Surace pudo haber sembrado una semilla de desesperación en Munguía o su equipo. La necesidad imperiosa de asegurar una victoria contundente en la revancha, especialmente bajo la nueva y prestigiosa dirección de Reynoso donde las expectativas se disparan, podría haber empujado a tomar atajos peligrosos.
¿Qué es el dopaje con testosterona?
El dopaje con testosterona, una sustancia que impacta directamente en la capacidad física, surge precisamente en esta pelea de «venganza». Esto sugiere que la urgencia por revertir la narrativa negativa y validar el costoso cambio de entrenador pudo haber sido un factor determinante en la decisión de recurrir a sustancias prohibidas.
Este caso, sumado a los precedentes que involucran a figuras de alto calibre del boxeo mexicano, amenaza con exacerbar una crisis de credibilidad a nivel internacional. Ya no se trata de casos aislados, sino de un patrón que mancha la reputación del pugilismo azteca.
Paralelamente, resalta la crucial labor de organismos como VADA, cuyos hallazgos, aunque controvertidos y a veces dolorosos, son fundamentales para la limpieza del deporte, pero también demuestran su poder para redefinir carreras y legados, lo que inevitablemente genera debates sobre la justicia, la rigurosidad y la consistencia de las sanciones impuestas.
