
El último round de Ricky Hatton: la leyenda que noqueó corazones
Ricky Hatton fue mucho más que un boxeador. Nacido en Manchester, creció en un entorno obrero que lo formó como un guerrero dentro y fuera del ring. Su estilo frontal, agresivo y sin miedo le valió el apodo de The Hitman, convirtiéndolo en uno de los ídolos deportivos más grandes que Inglaterra ha visto.
Este domingo, la noticia de su muerte en Hyde conmovió al mundo del deporte. A los 46 años, Hatton fue hallado sin vida en su domicilio. La policía descartó circunstancias sospechosas, pero la tristeza que rodea su partida es inevitable.
De Manchester al mundo: la gloria del campeón
Con títulos mundiales en peso superligero y welter, Hatton se ganó la admiración global. Su victoria sobre Kostya Tszyu lo catapultó a la cima, y sus duelos contra Floyd Mayweather y Manny Pacquiao lo consolidaron como un referente histórico del boxeo británico.
Sus peleas llenaban estadios, y su entrada al ring acompañado por canciones de Manchester lo convirtió en un símbolo cultural. Hatton no solo peleaba: representaba a una ciudad, a una clase trabajadora y a un país que veía en él a un héroe moderno.
Una vida marcada por sombras fuera del cuadrilátero
La derrota contra Pacquiao en 2009 fue el inicio de una etapa dolorosa. Poco después perdió su licencia tras un escándalo mediático donde se le vio consumiendo drogas. Paralelamente, Hatton reveló sufrir depresión y problemas de alcohol, luchando en silencio contra enemigos que no se podían golpear con guantes.
Su valentía no solo estuvo en el ring, sino en hablar abiertamente de su salud mental, un tema tabú en el deporte en ese entonces. A pesar de ello, intentó regresar, anunciando en julio su intención de volver a pelear en Dubái, como si aún buscara un último round de redención.
El legado eterno de Ricky Hatton
Con 45 victorias en 48 peleas, Hatton dejó un récord envidiable, pero su verdadero triunfo fue ganarse el cariño de millones. El Manchester City lo recordó como uno de sus hinchas más fieles, y el fútbol inglés también se unió al homenaje. Wayne Rooney expresó estar devastado, llamándolo “una leyenda, un guerrero y una persona formidable”.
Hyde, Manchester y todo Reino Unido lloran la pérdida de un ídolo que fue más humano de lo que parecía. Su historia es un recordatorio de que incluso los más grandes campeones enfrentan batallas internas invisibles.