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Sometido a torturas, alimentándose con sobras de comida, hierbas y hojas de árboles, un joven de 23 años logró escapar de un grupo que lo secuestró para sembrar amapola en la sierra de Guerrero.
Crimen

En Guerrero, universitario narra como fue raptado por el crimen para sembrar amapola de sol a sol

Sometido a torturas, alimentándose con sobras de comida, hierbas y hojas de árboles, un joven de 23 años logró escapar de un grupo que lo secuestró para sembrar amapola en la sierra de Guerrero.

por LaVerdad

Sometido a torturas, alimentándose con sobras de comida, hierbas y hojas de árboles, un joven de 23 años logró escapar de un grupo que lo secuestró para sembrar amapola en la sierra de Guerrero.

Sometido a torturas, alimentándose con sobras de comida, hierbas y hojas de árboles, un joven de 23 años logró escapar de un grupo que lo secuestró para sembrar amapola en la sierra de Guerrero.

Acorde con activistas en la zona de la Sierra de Guerrero existen dos grupos que se pelean la siembra y trasiego de droga.

Uno de ellos, la organización de Onésimo Marquina Chapa “El Nencho”, y el otro, que dirige Isaac Navarrate Celis, “El señor de la I”, es el Cártel de la Sierra del Sur.

Como ocurre en otras regiones del estado, ambos grupos delictivos obligan a jóvenes a reclutarse en sus filas

A fin de unirlos a sus filas para las tareas de siembra de amapola, los pobladores identifican al grupo de “Los Dumbos” como los personajes que secuestran a los jóvenes y también los utilizan como “halcones” en las entradas y salidas de la comunidad.

Los territorios donde más se registran estos casos son: Couyuca de Catalán, Zirándaro, Teloloapan, Ajuchitlán del Progreso, San Miguel Totolapan, Zitlala, Chilapa, Vallecitos de Zaragoza, ubicadas en el municipio de José Azueta y Petatlán.

Esclavizado de sol a sol

De una de estas demarcaciones era un joven de 23 años que cursaba su último semestre en la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG).

El estudiante relató a Reforma que fue privado de su libertad en marzo del año pasado en calles de Iguala por varios hombres y luego trasladado a la sierra en Tlacotepec.

Afortunadamente este hombre joven pudo escapar de los campos de trabajo en donde era esclavizado, y señaló que trabajó durante seis meses en jornadas de sol a sol; sometido a torturas, se alimentó con sobras de comida, hierbas y hojas de árboles.

“Salíamos varios de una casa casi en la madrugada; caminábamos por el cerro durante dos horas y luego llegábamos al lugar donde nos obligaban a sembrar amapola vigilados por la gente armada”.

“Llegábamos a esa casa, a veces nos daban de comer y caíamos rendidos para dormir”, dice el joven. “Para que no me golpearan o torturaran yo le echaba muchas ganas a la siembra”, señaló.

Por temor a amenazas sobre su vida y la de su familia, el joven que pidió omitir su nombre dice que era preferible trabajar en la siembra para evitar ser obligado a trabajar en un laboratorio donde se procesaba la droga para producir heroína o cocaína.

“Pasé hambre, pasé frío; pasé todo tipo de torturas que pueda imaginar. Con personas que te están amenazando con las armas. Que se están drogando y bebiendo y que quien sabe cuándo perderán el control de sus emociones y se desquitaran contigo”, cuenta el muchacho.

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Luego de sobrevivir aquel infierno, el joven recuerda que sus vigilantes eran muchachos armados entre los 15 y 20 años, todos armados y con el rostro descubierto.

El padre del sobreviviente comenta que cuando fue rescatado en la Sierra, su hijo no recordaba nada y apenas lo reconocía.

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