Influencers

No te conozco por completo, pero ya te quiero

El Baúl de los Recuerdos por Lucía Cruz.

por LuciaCruz

Llegó el día… desde hace una semana había visto que la Lucha Libre AAA llegaría a la hermosa ciudad de Cancún. Si les soy honesta, no soy una persona que disfrute de las agresiones, pero hay algo en este deporte que dice México por donde lo veas.

Recuerdo que en mis clases de la universidad, una vez que estábamos viendo las tipografías, nos pusieron un video que hablaba de la Lucha Libre y cómo todo el estilo para estos enfrentamientos refleja a la cultura de nuestro país.

Este año, uno de mis propósitos era ir a un evento de Lucha Libre. Ya lo había intentado el año pasado, pero con mis temores, fracasé. Sabía que este año tenía que ser sí o sí y que debía ser el definitivo.

Un día antes, de la emoción, lo único que traía en la cabeza era “la arena estaba de bote en bote, la gente loca de la emoción, en el ring luchaban los cuatro rudos… ídolos de la afición”…

Fue así como por fin llegó el viernes, era hora de partir hacia la Plaza de Toros para adquirir los boletos y disfrutar del espectáculo. Como llegamos a unos minutos de que iniciara la lucha, la fila era un poco concurrida.

Y aprovechando el momento, es cierto que como buenos mexicanos, dejamos todo para el último momento, pero esto no es lo peor de todo, sino el pensamiento de “el que no tranza no avanza”, porque cómo se colaba la gente a la fila.

En fin, ya con boletos en mano, entramos. Nuestros asientos quedaron justo enfrente de donde hacen su entrada triunfal los luchadores. Les juro que el corazón me palpitaba a mil por hora.

Por fin  llegó el momento, las luces se apagaron y efectivamente sonó la canción que les comentaba hace cuatro estrofas. No daba crédito a todas las emociones que me pasaron en ese instante.

El sentir no era sólo por mí, o por ver la cara de mis acompañantes, sino por la reacción de todas aquellas personas que se dieron cita para ver un deporte que nos guste o no, carga a México en él.

Me impresionó tanto ver que niños de unos 8 ó 10 años se sabían de memoria los nombres de los luchadores, las llaves que estos aplican, los movimientos, absolutamente todo.

Sé que habrá quienes piensen que este no es el mejor ejemplo que se le podría dar a un niño, pero desde mi punto de vista y basándome en la experiencia, ese día lo único que vi en el recinto era a familias disfrutar lucha a lucha.

Vi a niños reír, comprometerse con todo el corazón hacia su luchador favorito, incluso padres y madres haciendo lo mismo. Vi familias enteras portando las playeras, gorras y máscaras de su luchador.

Habrían tantas cosas que esos papás y mamás podían hacer un viernes por la noche en Cancún y, en lugar de eso, juntaron a su familia y disfrutaron de uno de los deportes que más significan para los mexicanos por toda la historia y la tradición.

-Twitter e Instagram: @lucruzc

Temas

  • Columna
  • El Baúl de los Recuerdos

Comentarios