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Cuentos cortos: El pequeño talibán

Cuento Corto Lidia San Ciprián, colabora con La Verdad en la entrega de Cuentos Cortos

por Lidiasanciprián

 Era de esos amores que enseñan el tali­bán que llevamos dentro.

María quemó las naves y lo siguió. Más que amor era su derrotero, la razón de vida, conjugaba con los verbos más bellos que aprendió de niña, bailaba en armonía perfec­ta las virtudes que recreó en su fantasía.

Bien valía el desafío a una sociedad entera, y así sin más se embarcó.

María pensaba que todos los seres huma­nos darían la vida por aquello que amaban profundamente, para algunos un hijo, un ideal, un dios, una virtud, no era locura, era humanidad.

No contaba con que el barco naufragaría y aquel capitán al que confío el timón se fue.

Entre la desesperación por salvar la em­barcación y mantener a flote a la tripulación, no tuvo demasiado tiempo para lamentar.

Apenas miró de reojo al desertor que brin­có a la oferta de otra embarcación.

Cuando vislumbró tierra, respiró, llegó a puerto y nadie murió...

Sin embargo una parte de ella se quemó.

Ardía en su interior el desequilibrio del mundo, el enojo por lo injusto y entonces entendió aquellos talibanes que son capaces de morir y matar por su Alá.

Ella se espantó, corrió y corrió, llegó al otro lado del mar.

 Le dolía más su rencor que el abandono de su capitán, se sintió un talibán que sin más es capaz de todo.

Con el tiempo, recobró el sentido; enten­dió que aquel talibán no es sino una víctima más del desamor, la frustración y la carencia, tres ideas bien entendidas en las escuelas talibanes.

Cuando las vicisitudes de la vida te llevan aquellos lugares tú también puedes ser un talibán.

Su amado capitán también por momen­tos lo era, la humanidad se convierte en los pensamientos y la vida que cultiva.

Cuando María comprendió, agradeció aquella enseñanza, cierto es que lo que más duele es con lo que más se crece, gran maes­tro aquel capitán.

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