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Cuentos cortos: El alma bajo Llave

Cuentos Cortos por Lidia Sanciprián, escritora y columnista invitada en LA VERDAD. Twitter: @rsanciprian2

por Lidiasanciprián

Pensó que en el amor ya había vivido todo; un matrimonio que duró 25 años; un divorcio que Albert consideró fue un éxito. Siempre decía:

- Duró lo que tenía que durar y tuve tres hijos maravillosos.

Por su vida pasaron variedad de mujeres, de diferentes colores, profesiones y tamaños de locura; cabareteras, millonarias, adictas, artistas, jovencillas que podrían haber sido sus hijas y también alguna que podría haber sido su madre.

A los 76 años ya no esperaba nada, por fin su alma estaba guardada celosamente bajo llave, era un hombre retirado, con una situación estable, que dedicaba su tiempo a la lectura y a algunas chispas de vida social.

Nunca dejó de asistir a sus grupos de Alcohólicos Anónimos, era un veterano de la agrupación y no olvidaba su responsabilidad de dar servicio a los nuevos integrantes que así lo solicitaran.

En ese servicio respondió la llamada de una señora joven, 30 años menor que él, la conoció un par de veces en el grupo y Aurora tuvo que regresar a Francia, un cáncer intem­pestivo la atacó y en aquel país contaba con los servicios de salud pública.

Albert asumió su responsabilidad de apoyar a su compañera en tan difícil trance, sumado a que Aurora no hablaba el francés y que por tanto difícilmente podría integrarse a un grupo en París.

La correspondencia de ella con Albert fue un aliciente y un salvavidas, hubo un en­cuentro de almas que se unían en la batalla por que Aurora sobreviviera, en ese ir y venir de palabras llenas de entrega, ternura y necesidad, Albert sin darse cuenta, sacó su alma de la caja donde la había guardado y sin más empezó a respirar vida y juventud a sus 76 años.

Sin embargo, a los pocos meses la fantasía se desvaneció y coincidió con el día que Al­bert, dejó de enviar el apoyo económico que daba y apareció alguien más que lo sustituyó.

Un raspón más que le recordó que el dine­ro ensucia las relaciones y no deja ver claro.

Agradeció la experiencia.

Seguía vivo.

Se dio la vuelta y recordó guardar su alma bajo llave.

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