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Aquella madrugadadel 13 de agosto

Ni Con Frenillos Me Detengo por Adalberto Pereira diseñador gráfico de La Verdad

por AdalbertoPereira

Me enteré apenas unos minutos antes de salir del traba­jo. Esta semana había estado saliendo tarde debido al trabajo, por lo tanto cuando supe que habría lluvia de estrellas por Internet pensé…

...e incluso postee en facebook: ¿Será prudente mi­rar la lluvia de cometas desde la oscuridad de la costa?

Pues salir a la medianoche, y quedándome la playa a unos minutos en carro, estaba el plan dispuesto a armarse, era sólo tomar la ruta ha­cia la ZH, conducir a lo mucho 15 minutos y estar en un arenal blanco frente al mar, escuchando romper las olas con el volumen alto de la naturaleza.

Pasa que a veces hay ganas de autosabotearse y buscar excusas para evitar cumplir y no hacer lo que minutos antes habías acordado. Y pues, dicho y hecho. Salí del trabajo pasada la medianoche y sin pensar mucho pasando el cruce que divide la ciudad entre la zona ho­telera y la zona urbana me encarrilé al camino que va a mi casa. Girar a la derecha para comenzar a ir directo a casa quizá fue una mala idea.

En el camino iba pensando, que acababa de perder una bonita oportunidad de mirar al cielo, (no es que no la haya cualquier otro día) pero esta vez corría por una buena razón, las perseidas, nombre que recibe ese fenómeno astral que sucede cada año.

Llegando a la 1:30 a casa, tomar un baño, alimentar a mis perros, comer un snack y disponer de acostarme a descansar fue el problema. Algo me detuvo, de verdad, algo me hacía sentir mal, el remordimien­to interno, de saber que habría lluvia de estrellas y que por mi culpa, de no decidir de manera objetiva me las iba a perder.

Asi que, no haciéndome más el tonto, me levanté, salí al patio de la casa dispuesto a estar una hora con el rostro hacia el cielo observando. Estuve por un rato mirando en dirección difusa, porque aunque en in­ternet sabía que debía mirar en dirección al saliente (cosa errónea por parte de la página en la que investigué) porque comprobé que no fue así, tenía que mirar en otra dirección perdí unos minutos al no divisar ningún rastro de estrellas moviéndose en esa parte del cielo.

No fue tan mala la noche, apenas 3 mi­nutos de haber salido vi el primer destello, una luz de apenas un segundo recorrió un tramo del cielo. Entonces, ante todo, me sentí afortunado, me di cuenta que aún estando en la ciudad, la contaminación lumínica no impidió la visibilidad como había pensado que sería, suficiente oscuridad imperaba como para hacerse notar al pasar sobre el firmamento.

La madrugada estaba libre de nubes y claro, libre de luna, la noche fue perfecta para verla desde la playa, y acabe mirándola en mi casa. Pero se pudo.

Los minutos pasaban y seguía viendo el pausado pasar de los meteoros, algunos de más de un segundo, dejaban estelas humean­tes de color azul y se veían espectaculares.

Tras haber observado al menos 10 dispa­ros fugaces en la oscuridad del cielo me sentí satisfecho, no era lo que esperaba pero fue mejor que nada.

Debrayé sobre que, lo increíble a veces solo dura segundos, y es gracias a una deci­sión que podemos disfrutarlas, sin remor­dimientos, porque sabemos de antemano que no estarán por más que una fracción de tiempo al alcance de nuestra vista.

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