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Andrés Manuel López Obrador quiere un tren

Por La Espiral por Claudia Luna Palencia, periodista de temas económicos

por Claudia Luna Palencia

México con sus 31 estados, más la Ciudad de México, como capital tiene un enorme déficit en comunicaciones terres­tres que obligan a la gente (que puede pagarlo) a depen­der de los altos precios nacionales e internacionales de los billetes de avión.

Cuando Andrés Manuel López Obrador estaba al frente de la Jefa­tura de Gobierno del Distrito Federal le llovieron críticas por tomar la decisión de construir la importante obra urbana del segundo piso tan necesaria para descongestionar un poco la gran metrópoli que ya a principios de 2000 era asfixiante. Se imaginan casi veinte años después, ¿cómo estaría la Ciudad de México sin ése segundo nivel? Yo quiero aclarar que, esta columna, no la estoy escribiendo porque estoy a favor de López Obrador o pretenda quedar bien con él… yo estoy a favor de la obra pública, de la infraestructura, de los grandes proyec­tos de ingeniería que nos permitan mejorar nuestra calidad de vida.

Yo recuerdo que en aquellos años se fustigó que en el primer terre­moto se caería encima y sería una tragedia, hubo toda una jauría de la oposición enconada porque por fin alguien daría la orden de ejecutar un proyecto relevante. Como sabemos no ha dejado de temblar ni de haber sismos ni lamentables terremotos y el segundo piso sigue en pie, y eso ya proporciona cierta tranquilidad; hasta en países que se ufanan de ser más desarrollados los puentes se caen solos como en Ita­lia que, desde 2004 a la fecha, un total de once puentes se han desplo­mado por diversas circunstancias… como el de ayer en Génova. Ya en su papel de presidente electo –aunque todavía no en funciones- López Obrador madura diversas ideas que necesariamente requerirán de nú­meros, de planes, de planos cartográficos y de esquemas de ingeniería así como de contratar a empresas experimentadas.

Por ejemplo, en construir trenes pero trenes de verdad, esto es, de alta velocidad aquellos que superan los 300 kilómetros por hora como en Europa y muchos otros países de Asia. El atraso en la infraestructu­ra de comunicaciones terrestres es una tónica que marca a toda América, se ha dejado en el olvido, frustrado ante el tamaño del territo­rio.

El Tren Interurbano México-Toluca via­jará a 160 kilómetros por hora no quisieron apostar por la alta velocidad porque el costo del proyecto se desbordaba, la inversión muy posiblemente era irrecuperable porque el precio de los boletos desde luego implicaba un costo que sobrepasaba la capacidad eco­nómica del pasajero promedio que utilizará el interurbano. Ese es el problema de la alta ve­locidad: la inversión y el retorno en el tiempo aunado a sostener una rentabilidad vía su utilización masiva y el pago de los billetes.

En el momento de los números es cuando la gente se asusta: le pasó al entonces presi­dente Vicente Fox quien llegó a mascullar la idea de los trenes de alta velocidad de Que­rétaro a Ciudad de México y también de la ruta del sureste; luego le pasó por la mente también a Felipe Calderón y hasta se reunió con empresas ibéricas especializadas en la materia, y cuando miró la cantidad de ceros en el papel se echó para atrás.

Andrés Manuel quiere un tren, y lo hace pensando con nostalgia en el sureste, que es también el imán fundamental de muchos turistas nacionales pero sobre todo interna­cionales.

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